lunes, octubre 20, 2008

UN DEBATE SOBRE LA CRISIS ECONOMICA MUNDIAL Y SUS REPERCUSIONES EN MEXICO

Encuesta: La crisis actual y como enfrentarla publicada por CORREO DEL SUR/LA JORNADA DE MORELOS


Escrito por BECERRA/ CORDERA/GAZOL/MURAYAMA/NOVELO/PROVENCIO
Lunes, 20 de Octubre de 2008 00:00

Atrás quedaron los términos suaves para referirse a la situación de los mercados financieros. Ahora se habla con la crudeza del que oye pasos en el tejado: la economía global atraviesa por una crisis comparable o más grave que las peores registradas en la historia moderna del capitalismo. El derrumbe del sistema financiero, acompañado de la caída de las bolsas en todo el mundo, obligó a los Estados Unidos, luego a Europa y, finalmente, al resto del planeta a tomar medidas que, en conjunto, implican un viraje en las ideas que han prevalecido en los últimos tiempos.

Caen los viejos paradigmas, no el capitalismo, pero aun no sabemos si funcionarán las soluciones de emergencia puestas en práctica. La inyección de fondos extraordinarios para salvar las finanzas y, de hecho, nacionalizar parte sustantiva de la banca, marca el fin de una época y también de un dogma: el del llamado neoliberalismo. Pero la crisis no se detiene y amenaza con agravarse, dejando a la sociedad expuesta a sus consecuencias más perniciosas. En esas estamos. Con el propósito de comprender mejor lo que está pasando, el Correo del Sur de La Jornada Morelos invitó a varios economistas distinguidos, académicos en investigadores tanto de la UNAM como de la UAM, a responder a un cuestionario sobre estos temas que abarca sólo una parte de los temas a debate. En una situación tan cambiante como la presente, es difícil hacer pronósticos, pero hay cuestiones básicas de cuya comprensión depende nuestra capacidad de orientarnos en medio de la turbulencia. Por su claridad y colaboración agradecemos a Ricardo Becerra, Rolando Cordera, Antonio Gazol, Ciro Murayama, Federico Novelo y Enrique Provencio sus respuestas. ASR

1¿Estamos ante una crisis comparable a la Gran Depresión del 29 o se trata de otra cosa?

BECERRA

Por la dimensión de los recursos necesarios para estabilizar el sistema financiero, este crack es, sin duda, mucho más grande que el vivido en 1929. Solo el paquete propuesto por el "Acta de Estabilización Económica de Urgencia 2008", calcula el daño en unos 700 mil millones de dólares, dos terceras partes de la economía mexicana. y por supuesto, es mucho mayor, porque la burbuja especulativa de los subprimes, creció y se agazapó mucho
más allá de los E.U. en casi todos los bancos importantes del mundo Lo que nos lleva al segundo punto: este crack es también más grave por su propagación y alcance, auténticamente planetario y casi instantáneo. Un ejemplo ilustra lo que quiero decir: el 30 de septiembre pasado, el mercado interbancario dejó de existir. Simultáneamente, las instituciones de E.U y de Europa, engulleron los fondos que los Bancos centrales habían inyectado para asegurar la liquidez; en lugar de reanimar sus operaciones, todos atesoraron el dinero por pánico y desconfianza, vigilando por Internet, segundo a segundo, las decisiones del banco de enfrente. Una situación curiosa, global, impensable en 1929.

Y sin embargo, el crack no es más grave que el del 29, precisamente por la red de instituciones y normativas públicas que se forjaron desde Roosevelt, y que mitigan el golpe para convertirlo en un estallido que sucedió en cámara lenta. Es decir: gracias al aprendizaje de la intervención estatal. Las garantías de depósito en bancos y en cajas de ahorro, el papel de la FED como prestatario de últimas instancia, los subsidios al desempleo, las prestaciones de ayuda social, el tácito compromiso público para no permitir la quiebra de ninguna gran empresa, bancaria o industrial, han dotado a los E.U. de una capacidad de reacción mucho mayor a la tara mostrada por el presidente Hoover y su secretario A. Mellon, según la cuál, en estos momentos de quiebra "hay que dejar que el sistema se purgue a si mismo".

Una última observación: los ciclos de prosperidad, abundancia y crack han acompañado al capitalismo desde siempre. Fueron las políticas nacionales, socialdemócratas y keynesianas de posguerra, las que lograron regular la brusquedad de los episodios extremos. Vino la revolución neoconservadora y desde entonces, el capitalismo norteamericano solo a podido crecer gracias a la generación de ilusiones especulativas (las Long Term Capital Management de finales de los 90, el escándalo de Enron, y las subprimes), han sido algo más que un atraco de sabios ridículos que utilizan fórmulas y computadoras para engañar al mercado. Son motores falsos que "empujan" a la economía y que luego la despeñan al vacío. Si no fuera por la innovación tecnológica asociada a la informática (y que creo una inmensa riqueza real en los 90) todo lo demás hubiese sido un crecimiento de casino, de apuestas, de abuso a la confianza del público. A mi entender esta es la gran alucinación de 25 años de ciclo neoliberal: una economía sin vigilancia que crece impulsada por burbujas.

CORDERA

La crisis actual no es todavía comparable con la Gran Depresión de 1929 pero podría llegar a serlo si el desplome financiero se generaliza y afecta de fondo a la actividad productiva y consecuentemente al empleo. Parece un hecho que la economía real (por contraste a la financiera) ya ha sido tocada y los índices de ventas y de desempleo van a la baja en el primer caso y a la alza en el segundo, por lo que la hipótesis de que las grandes economías y en especial la de Estados Unidos están ya en una recesión es compartida por analistas de todos los colores. Lo que resulta muy difícil de predecir es la profundidad y extensión de la caída y, por tanto, si será o no comparable con la de aquellos terribles años. Lo que por otro lado también sabemos es que la sociedad capitalista está mucho mejor armada que entonces para enfrentar los ciclos recesivos y evitar que se conviertan en depresiones de larga duración. Habrá que ver cuán eficaces son las capacidades institucionales y las redes de protección social diseñadas y construidos precisamente para evitar que aquello se repitiese en las nuevas circunstancias de la globalización, la diversificación del poder productiva y financiero a nivel mundial etc.

GAZOL

Es y no es comparable. Lo es porque, igual que aquella, tiene como antecedente el elevado grado de especulación en el mercado inmobiliario (en 1929 el fenómeno fue particularmente agudo y notorio en La Florida); es comparable porque de ese sector se transmite a la esfera financiera y de ésta al sector real; es comparable por que se trata de una crisis sistémica (es decir, abarca a todo el sistema económico mundial); no es comparable porque en la presente la magnitud (o profundidad) es de mayor alcance; no es comparable porque hoy existen más instrumentos financieros con los cuales especular (o “cubrirse”) y que, para muchos, se convirtieron en mecanismos que ocultaron la gravedad del problema; no es comparable porque en 1929 la economía no tenía el nivel de mundialización (o globalización) actual y aún así se extendió rápidamente por todo el planeta, en tanto que la extensión de la crisis de hoy ha sido propiciada por el fenomenal grado de interconexión que se da entre las diversas economías y por el alcance universal de todos los grandes agentes económicos.

NOVELO

Sí, es una crisis comparable, en gran medida, a la que inició con el "crack" de octubre de 1929. La diferencia es el tipo, primero, de previsión (Plan Wisconsin) y, después, de reacción (New Deal), con los que los gobiernos de entonces enfrentaron la cuestión; un talento que no es visible, hoy, ni en el Departamento del Tesoro ni en la FED (de la Casa Blanca, ni hablamos). Pero es, también, una crisis que puede tener efectos geopolíticos relevantes. Con la Ia. Guerra mundial, Fred Block sostuvo que la hegemonía financiera mundial cruzó el Atlántico (de Londres a Nueva York), para nunca volver; hoy, quién sabe, pero bien podría cruzar el territorio estadounidense y el Pacífico (de Nueva York a Beiging), para ofrecernos un nuevo panorama internacional; un incierto "Nuevo Mundo".

PROVENCIO

Al 13 de octubre (de 2008) el Fondo Monetario Internacional (FMI) todavía estimaba que la economía mundial crecerá 3 % en 2009, pero que en los países desarrollados lo hará sólo en 0.5 %. De confirmarse este pronóstico global, el empuje seguiría viniendo de China (9.3%), de India (6.9) y en parte de Rusia. Para los siguientes años, el FMI prevé una lenta recuperación, de entre 4.2 y 4.7 % para todo el mundo. Son previsiones muy altas, en comparación con el desempeño del último cuarto de siglo. Lo más probable es que tales estimaciones pronto se ajusten a la baja. El crack de 1929 tuvo un efecto diluido en la economía real que alcanzó sus peores impactos hasta 1933, cuatro años después.

“No se sabe aún…” ha sido hasta ahora la frase que antecede a cualquier opinión acerca de la trayectoria que pueden seguir las economías, y la incertidumbre ha dominado los puntos de vista tanto de los premios nobel de economía, incluyendo al más reciente, como de cualquier analista, corredor de bolsa o analista. Lo que “no se sabe aún” es hasta qué punto el crack financiero y bursátil derivará en una crisis generalizada de larga duración. Por ahora esa derivación es vista como amenaza crítica por parte del Banco Mundial (BM) y del propio FMI. Si se ven sólo las caídas de las principales bolsas, el crack de 2008 puede compararse al de 1929, aunque sus detonadores hayan sido distintos. Ambos hechos se parecen también en la desvalorización generada en los mercados financieros.

Lo que tampoco se sabe todavía es si las consecuencias del crack sobre la economía real serán parecidas a las de 1930 - 1933. Pueden ser muy diferentes a partir del sustrato global que hoy prevalece, en comparación con el de hace ocho décadas, sobre todo por el hecho de que el dinamismo mundial ya no depende tanto de Estados Unidos, y de que la capacidad de salvamento tampoco reside ya fundamentalmente en sus arcas. Por ello, que no ocurra una gran depresión depende sobre todo de China, India, Japón, Alemania, Inglaterra, Francia y Rusia, economías que en conjunto producen el equivalente a una vez y media lo de Estados Unidos.

2. ¿Son suficientes las medidas adoptadas hasta ahora para devolver la calma y cuáles son los daños ya causados?

BECERRA

Evidentemente no ha sido suficiente. Ahora son las bolsas asiáticas las que se desploman., porque la gran locomotora norteamericana se ha detenido sin poder trasladar sus recursos o dinero real, a ninguna parte por la parálisis bancaria. ¿La solución? Es muy difícil porque se trata de elegir, no la mejor, sino "el mal menor", y en este caso los males menores son
sencillamente inmensos. El gobierno de Bush pudo tomar y comprar los bienes reales, o sea, las viviendas y terrenos, pero prefirió comprar los "bonos" que decían respaldarlas para que los bancos no quebraran. Parece mejor medicina la británica: "nacionalizaciones voluntarias" de los bancos, donde el gobierno entra directamente a purgar, evaluar el daño y gestionar el banco tomando un margen de acciones que lo vuelven socio determinante para decidir el futuro de cada institución. No estoy seguro de cual decisión es menos mala, pero una cosa es cierta: la medicina no puede limitarse al acta de estabilización y de algún modo, debe comprometer a los gobiernos de las economías occidentales y de China, que es la única que tiene dinero en dólares suficientes como para prestar en las magnitudes necesarias. pero que China quiera, es una incógnita que bascula el poder mundial.

CORDERA

Las medidas adoptadas parecen haber sido insuficientes a la fecha, aunque es probable que la tormenta hubiese sido aún peor de no haberlas puesto en práctica. Por lo pronto, los mercados financieros del mundo siguen en sus respectivas montañas rusas y los pánicos monetarios y cambiarios están a la orden del día. Los bancos no se prestan entre ellos y el crédito está cada vez más escaso y caro. Una parte central del sistema financiero (para muchos el corazón de la globalización neoliberal), simplemente se esfumó y el conjunto del sistema parece estar en franco proceso de "implosión". La falta de crédito y el imperio de la desconfianza y la incertidumbre han parado ya planes enteros de inversión y creación de nuevos negocios, el desempleo aumenta y el miedo se apodera de inversionistas y trabajadores. Otro damnificado del sismo ha sido la arrogancia financiera y la prepotencia neoliberal del camino y el mercado únicos. A su vez, las instituciones herederas de Bretton Woods están en el banquillo y sin fondos ni confianza de los gobiernos, así como el propio G7, a decir del presidente del Banco Mundial es, como proto orden financiero mundial, obsoleto. Los daños en México se han dejado sentir ya en las empresas en quiebra o por quebrar, las caídas en la producción de automóviles, los despidos y la confusión temerosa pero generalizada. El gobierno se empeña en presentarse como gobierno pusilánime y las bravatas de hace unas semanas sobre nuestro pretendido blindaje son pasto del chiste y el escarnio.

GAZOL

Es pronto para saberlo: evidentemente las medidas adoptadas por la administración Bush no lo fueron y precisaron de la iniciativa británica y de que la zona euro dejara a un lado sus dudas iniciales para provocar una reacción en la dirección esperada. Lo inadecuado del planteamiento del Secretario del Tesoro de Estados Unidos tiene un fondo ideológico, pero más allá de los aspectos estrictamente económicos, un elemento que está influyendo en lo magro de los resultados puede ser la proximidad de las elecciones en Estados Unidos. Los “mercados” ya no esperan nada de la administración que concluye en enero próximo y aguardan tanto las señales que envíe el candidato ganador el 4 de noviembre, como la nueva composición del Congreso. Los mayores daños se han causado en el mercado crediticio que, a su vez, es causa y efecto de una severa crisis de confianza.

NOVELO

Las medidas son realmente insuficientes y, muy probablemente, puestas en una dirección distinta a la correcta. La reestructuración de las deudas hipotecarias, bajo el condicionamiento de las capacidades de pago de los deudores, hubiera resultado mucho más eficaz, más barato y de más rápida recuperación de la confianza. El que los déficit gemelos de los EUA (Fiscal y comercial), previsiblemente incrementados (sobre todo el primero) por las medidas adoptadas, arroja muy malas noticias para los acreedores de ese país, los que probablemente no puedan recuperar lo que han gastado y gastan en bonos del gobierno estadounidense (Keynes decía: "Si le debes un millón de dólares a un banco, él te tiene en sus manos; si le debes cien millones, tú lo tienes en las tuyas"). El comportamiento de los especuladores, en sus respectivas bolsas, es lo suficientemente elocuente sobre lo huidiza que se ha vuelto la confianza.

PROVENCIO

Al menos en Estados Unidos y en la mayoría de los países europeos las medidas anunciadas hasta el 12 de octubre no se consideraban suficientes, al menos en tres direcciones: primera, no garantizan beneficios directos para los deudores, sobre todo los propietarios de viviendas con problemas de pago; segundo, no alivian la falta de recursos para el crédito en los bancos y por tanto no se reanima el crédito interbancario, y tercero, no abre claramente la posibilidad de reanudar los préstamos al sector productivo, que ya enfrenta una falta de liquidez para sostener las actividades económicas.

El principal daño generado por esas insuficiencias no es tanto la insolvencia de muchas empresas del sector financiero, sino sobre todo la diseminación de los impactos al sector real de la economía, pero también la creación de cargas para las haciendas públicas sobre todo porque en un panorama de recesión no habrá crecimiento de impuestos para cubrir la carga adicional. El plan económico lanzado por el candidato demócrata a la Presidencia de Estados Unidos el 13 de octubre pretende atacar esas insuficiencias, pero de presentarse formalmente, hasta enero de 2009, aún tendría que pasar por el Congreso.

Sin embargo, en algunos otros países las respuestas parecían ir en sentido distinto, sobre todo en Inglaterra, donde el apoyo financiero se viene orientando principalmente a apoyar a los bancos para superar su falta de capital financiero con aportes a su capital social, lo que supone la adquisición pública temporal o de largo plazo de activos de los bancos, de tal modo que recuperen su capacidad para otorgar préstamos. Esta estrategia ya empezaba a adoptarse en otros países europeos e incluso empezaba discutirse en Estados Unidos, asumiéndose así la insuficiencia del salvamento de principios de octubre, que se basó en la compra de deuda mala de las instituciones financieras, y no en la inyección de capital para reanimar la capacidad de otorgar préstamos. Esta parece ser la clave para romper la espiral descendente y para impedir una crisis generalizada o una nueva gran depresión: reactivar la circulación de crédito.

3. ¿Hasta dónde la globalización hace inútiles los mecanismos de defensa nacionales?

BECERRA

No son inútiles, siguen siendo imprescindibles, aunque su eficacia depende de su correcta concepción y buen tino (no de la "integralidad" como siguen sosteniendo algunos). Por ejemplo, en México, lo primero es inspirar confianza en que se sabe que clase de fenómeno atajamos y que se sabe lo que se hace (la desafortunada frase del Secretario Carstens acerca el "catarrito", es una muestra de lo que no debe hacerse). Se tiene que detener las ventas de pánico, trátese de acciones o de activos denominados en nuestra moneda y por supuesto, se debe evitar la tontería de Banxico de poner a disposición ríos de dólares para un mercado especulativo y bancario sediento. Las autoridades deben dar certeza del nivel de contagio que tiene nuestro sistema financiero, lo más pronto posible; edificar confianza a partir de la verdad (no hay otra) aunque empecemos con malas noticias.

CORDERA

Hasta dónde no sabemos. Lo que sí sabemos es que sin poner en práctica los mecanismos existentes en coordinación con los otros países, el tramo recesivo será más largo y agudo. Lo que sí puede dar al traste con todo es un ¡sálvese el que pueda! o una defensa no nacional sino aislacionista como la que intentaron los Estados Unidos en algún momento de la Gran Crisis. Ello sólo desencadenaría una caída múltiple y el comercio mundial y sus finanzas se volverían una suerte de hoyo negro. Después de pasar por él, la naturaleza del sistema habría cambiado pero no para bien.

GAZOL

Por supuesto que los esfuerzos aislados han sido y seguirán siendo insuficientes. La filosofía del “sálvese quien pueda” no es la más aconsejable. Pero tampoco serán suficientes los mecanismos que convengan los gobiernos del G-7, ni los de un eventual G-14 como el propuesto por el Presidente del Banco Mundial, porque difícilmente tomarán en cuenta los requerimientos de todos los afectados. La globalización ha facilitado la propagación de la crisis, pero es de temerse que no funcione en el sentido inverso, es decir, que la globalización se erija en el gran mecanismo que haga posible la propagación rápida y equitativa de la recuperación (cuando se produzca). En rigor, se está ante la gran prueba de la globalización tal y como se ha manifestado: ahora sus defensores más conspicuos podrán comprobar si, como dicen, estas crisis se superan antes y mejor estando acompañados y no en soledad.

MURAYAMA

Si bien la globalización ha hecho más vulnerables a las economías nacionales y cuestiona las capacidades de respuesta de los estados, ello precisamente daría lugar a subrayar la importancia de los mecanismos nacionales. Como señaló Volver desde hace años: en la medida en que las condiciones económicas han mejorado, lo han hecho en el interior de las naciones, como resultado de la capacidad del Estado de regular políticamente las fuerzas del mercado en el nivel nacional.

NOVELO

La globalización es parte fundamental del problema, por una sencilla razón: porque lo que se globalizó fue la desregulación financiera y la edificación de una "economía de papel", varias veces superior al producto mundial, con la que se infló a la burbuja especulativa. Quienes, desde gobiernos fuertes, desoyeron la propuesta estadounidense, y establecieron mecanismos reguladores eficaces -como China- sólo padecerán el efecto restrictivo del consumo gringo, en el monto de sus exportaciones y podrán (y deberán) ocupar sus energías en la consolidación de sus mercados internos; para estos casos, como a raíz del 29 para algunos países latinoamericanos, la crisis se convierte en oportunidad.

PROVENCIO

Lo que se ha visto hasta ahora es que no todas las capacidades nacionales de reacción han sido suprimidas, y que la propagación de la onda expansiva del crack bursátil no tiene el mismo impacto en el sector bancario y en la economía real para cualquier economía. Las diferencias en el impacto podrían estar marcadas no sólo por la capacidad económica de los países medida por la disponibilidad de reservas, su mercado interno y la estabilidad de sus ingresos externos, sino también por el grado en que sus mercados de renta variable estaban más determinados por factores internos y fundamentales, esto es, el grado en que sucumbieron menos o más a escalada especulativa de los últimos años.

En todo caso, hay que distinguir al menos dos circuitos de la globalización: primero el comercial – productivo y segundo el financiero – bursátil. La primera onda expansiva ha circulado por el segundo circuito, ahora y en otras crisis, incluyendo la de 1929, pero con diferencias notables. Hasta antes de la recuperación que tuvieron los mercados bursátiles el 13 de octubre, durante 2008 varios de los índices bursátiles habían caído incluso más que el Dow Jones (-36.3%), pero en algunas economías emergentes la baja había sido menor, por ejemplo en México (-32.6%). En este circuito empezaban a mostrarse mecanismos nacionales de reacción más eficaces en Europa que en Estados Unidos. La desprotección es más fuerte en el primer circuito, al menos para los países con mayor coeficiente de exportaciones a Estados Unidos, como es el caso de México.

Las soberanías monetarias quedaron más afectadas en los países con menos inversionistas financieros institucionales y de largo, con un menor desarrollo de la infraestructura legal y de control, con menor vigilancia y control de las operaciones de corto plazo en divisas, y con más vencimientos externos inmediatos de deuda pública o privada. Es más o menos lo que ocurrió en la crisis asiática de fines de los noventa e incluso en México en 1994 – 1995. El grado de vulnerabilidad interna cuenta.

A la situación actual se le puede ver usando como símil la idea fundamental del riesgo. Toda economía enfrenta el peligro o amenaza de que ocurra algo exógeno que puede ocasionar daños. Ahora bien, la exposición de los bienes, personas o sistemas que son factibles de resultar afectados por la amenaza puede variar entre más abierta o desregulada esté esa economía, pero sobre todo entre más alta sea la propensión a que esos sistemas sean afectados por la amenaza, es decir, entre más vulnerable sea estructuralmente la capacidad de respuesta. El riesgo es una combinación de la amenaza (que es un hecho consumado), de la exposición (que es más alta entre más generalizada esté la inserción en la economía global) y de la vulnerabilidad en la respuesta. En otras palabras, hay un margen de acción incluso en la globalización.

¿Es el fin de la era neoliberal, como se ha dicho y, en todo caso, eso que significa?

BECERRA

Desde la caída del muro de Berlín, el capitalismo norteamericano (por no hablar de la crisis mexicana del 94, la asiática, la rusa, etcétera) ha vivido tres crisis masivas, a las que ha vuelto torpemente por su ceguera "neo-clásica", según la cuál los mercados son muy más estables, los riesgos en las transacciones se pueden conocer con anticipación y por lo tanto, los precios reflejan sistemáticamente probabilidades ciertas. Con esta mitología el gobierno ha entrado al rescate de Long Term Capital en 1998 y a subsanar el fraude y la quiebra de Enron, entrado ya el siglo XXI. Ahora el gobierno norteamericano vuelve a intervenir -es decir, los contribuyentes- para refinanciar el sistema bancario, resucitar los mercados de bienes raíces e impedir "el colapso del sistema económico".

Aunque la operación tenga éxito, no obstante, el problema sigue allí. El fin de jauja especulativa tuvo una sanción ejemplar (en 1929, por ejemplo) mientras al oriente se ostentaba la Unión Soviética, como alternativa del capitalismo. Entonces si, las crisis se resolvían penalizando ejemplarmente y corrigiendo de manera duradera al sistema financiero. El capitalismo no podía darse el lujo de perder la cabeza por la amenaza roja. La propensión a embarcarse en rachas de frívolas y espectaculares ganancias, regresará pronto.

Más que una reforma fuerte y una regulación poderosa, yo veo lo que Merryll Linch: un sabático, un descanso, de la especulación y el saqueo financiero.

CORDERA

En todo caso es el principio de un fin gradual pero acelerado de un orden que en realidad nunca logró constituirse como orden global propiamente dicho. La ideología globalista, y el credo neoliberal en la omnipotencia del mercado, andan desnudas y en quiebra como Wall Street y sus bancos de inversión. Lo más probable es que transitemos a una especie de capitalismo administrado y hasta super regulado pero su perfil está por definirse. Su contraparte política, en términos nacionales y globales, también. Habrá otra ONU y otro sistema post Bretton Woods, porque el mundo requerirá, como después de la Segunda Guerra, de proyectos de reconstrucción y desarrollo que el comercio y el libre tránsito de capital financiero no pueden proveer. Esto, pienso, ha quedado demostrado en estas terribles y fascinantes semanas.

GAZOL

No sé si sea o no el fin de la era neoliberal, lo que sí parece estar sucediendo es que la figura (¿el fantasma?) de Keynes ronda en el ambiente. En todas partes se acepta que el estado (los estados) debe intervenir, que los mercados no se regulan solos, que la salida de la crisis pasa por el estímulo a la demanda y para ello es preciso utilizar el gasto público. Keynes, que en los 50 y los 60 estaba a la derecha del pensamiento económico, hoy está a la izquierda …, sin haberse movido ni un milímetro de su posición original. ¡De ese tamaño es el cambio al cabo de 80 años!

MURAYAMA

Hay distintos signos de que el péndulo de corrimiento hacia la hegemonía conservadora de derecha puede haber concluido e iniciar un trayecto en dirección contraria. El que un economista tan crítico con la reducción de impuestos como Paul Krugman haya ganado el novel es, más que causa, síntoma de que hay un mañana tras la etapa del pensamiento único. Y quizá el fin de una época de políticas determinadas exija, antes, el fin de un predominio intelectual. Ahora bien, el neoliberalismo es mucho más que la desregulación de los mercados financieros, asunto que desató la crisis y sobre el que se aprecia un consenso, pero queda por replantear temas como el papel del Estado (no solo como salvador financiero de última instancia), de los sindicatos, la revaloración de objetivos como el pleno empleo.

NOVELO

Sí, es el fin del programa estadounidense para el mundo; es una severa crisis del fundamentalismo de mercado y, puede ser, no el fin del capitalismo, pero sí la puerta de entrada para diversas combinaciones de economía mixta y de freno para la mecánica pauperizadora del factor trabajo. Es el comienzo del crepúsculo de la hegemonía económica de los EUA y un espacio propicio para la puesta en escena de opciones de políticas económicas.

PROVENCIO

El neoliberalismo no es sólo el modelo económico de mercados financieros desregulados y con la menor intervención gubernamental y pública posibles, pero su parte financiera sin duda ha hecho crisis, algunos dicen que ha hecho implosión. El cuestionamiento claro al funcionamiento del sistema financiero global viene al menos de las crisis asiáticas de fines de los noventa, pero hasta ahora no había tenido muchas consecuencias prácticas.

Estamos en la tercera fase de una etapa de tres décadas que proviene de fines de los años setenta. En la primera el gran ajuste se dio con la transferencia neta de recursos de los países en desarrollo a los desarrollados por el servicio de la deuda y la aplicación de largos y ortodoxos procesos de adaptación. En la segunda, desde 1989, se globalizaron más aceleradamente los mercados financieros y de bienes y servicios, bajo esquemas de desregulación e integración de mercados. Ya en los noventa se empezó a hablar de segunda etapa de cambios o reformas de segunda generación. La tercera ya estaba en proceso hacia 1999 después de la crisis mexicana y de las asiáticas, y ya estaba abierto el debate sobre la ineficacia de los programas ortodoxos de reforma y las incapacidades de regulación y control global. Los detonadores de la actual crisis no se previeron de manera institucional, aunque el diagnóstico sobre los riesgos por la desregulación fue perfilado al menos desde la crisis de Enron a fines de 2001.

Lo que parece estar en cambio es concretamente la concepción sobre la regulación y el control de las finanzas especulativas. Junto con ello, están en cambio las visiones sobre el gobierno económico global y el papel de las instituciones financieras, como parte del proceso de reformas del sistema de naciones unidas, y como una de las expresiones del mapa global que se viene consolidando. Otras expresiones del modelo actual, en especial el de la organización comercial, están totalmente cuestionadas, pero sin un acuerdo de reforma, como se ha visto en la Ronda Doha de la Organización Mundial de Comercio, y algunas más apenas tienen soluciones insinuadas, como las relativas a la regulación de la migración laboral, la reorganización de la cooperación y en general los temas duros del desarrollo. En pocas palabras, podría resultar voluntarista o prematura la idea del fin de una era o del principio de otra.

¿En qué dirección habría que reconstruir el sistema financiero internacional?

GAZOL

Desde Bretton Woods (1944) el sistema financiero internacional ha girado en torno al dólar estadounidense; primero, hasta 1971, basado en la paridad fija con el oro; después, por la declaración de inconvertibilidad de Nixon en agosto de ese año, basado sólo en la confianza que inspiraba la economía de Estados Unidos. En la actualidad, además de la creciente desconfianza en esa economía, nuevos actores desempeñan papeles protagónicos en el escenario económico mundial, de manera que es urgente reestructurar un sistema financiero internacional que no dependa de una sola moneda y de una sola economía. Por supuesto que esto no es fácil, pero será más difícil que la economía funcione de manera adecuada en un esquema caracterizado por un caos monetario de mayores proporciones al que sufrió el planeta durante el período transcurrido entre 1914 y 1944, con todo y las dos guerras ocurridas en esos 30 años.

MURAYAMA

Puede ser la hora de recordar a Keynes, pero no en lo que se refiere sólo a la conducción anticiclica de las economías nacionales y al papel de la demanda agregada, sino en la agenda que propuso para Bretón Woods y que entonces no fue escuchada.

Keynes propuso, por ejemplo: 1) crear un fondo mundial compuesto por el equivalente al 50% de las importaciones mundiales, con este fondo de liquidez se garantizaba la capacidad del sistema para financiar los desequilibrios en la balanza de pagos; 2) crear un sistema de compensación de saldos (clearing), sin depósitos previos, resultantes de las cuentas nacionales de la balanza de pagos de cada país (evitaría grandes desequilibrios para países deudores y acreedores); 3) la creación del “bancor”, moneda de alcance mundial, avalada por todos los países y sometida al control de una autoridad supranacional, el fondo monetario mundial; 4) para evitar divergencias entre países desarrollados y en vías de desarrollo, establecer una carga penalizadota del 1% sobre los saldos acreedores de los países con superávit; 5) crear una organización para el comercio y el desarrollo, dirigida a controlar los precios internacionales de los productos básicos nutricionales y de los bienes manufacturados básicos (a través de precios indicativos o de referencia); 6) vincular las inversiones internacionales a un banco mundial para el desarrollo, con capacidad suficiente de financiamiento; 7) Vincular el señoreaje (la diferencia entre el costo de producir billetes y el valor nominal de esos billetes o impuestos obtenidos por la emisión de saldos monetarios) con el financiamiento al desarrollo.

PROVENCIO

Una aproximación muy general podría ser la siguiente: el sistema financiero internacional tendría que reconstruirse en una dirección de genuino fomento al desarrollo. Se trataría de ver la reforma de las instituciones y las reglas financieras globales en línea con la organización del comercio, los precios, las tecnologías, el trabajo, el medio ambiente y otros aspectos clave del desarrollo que se vienen abordando y regulando, cuando se hace, de forma dispersa y desequilibrada.

En esa dirección, y a la luz de la experiencia de los años recientes, en el sistema financiero una de las líneas de ajuste tiene que ver con la readaptación del negocio bancario global hacia el sistema productivo, del que se fue escindiendo paulatinamente a lo largo de las últimas décadas hasta que el volumen de recursos monetarios se desvinculó del valor incluso potencial de la producción real. ¿Cuál es un múltiplo financiero sano en el mundo respecto al valor de las economías? Ya no se sabe bien, pero existe la certeza de que unos endeudamientos de 30 a 40 veces respecto al patrimonio las sociedades o de los bancos son una locura, y de que los múltiplos no deberían pasar de 10, contando ya los aseguramientos. Por ello la reconstrucción pasará por realizar ese ajuste, lo que ya está haciendo la crisis bursátil y de los bancos con deuda mala.

Algunas medidas que se están revalorando tienen que ver con la sujeción de la especulación (el viejo impuesto Tobin) al desarrollo, la detección y control oportuno de riesgos (gobernabilidad del sistema), la mejora en la capacidad de respuesta y de coordinación entre los actores reales del sistema global (cambio en el voto de los organismos), protección de los ahorros y de los intereses del contribuyente (seguros contra el fraude), reglas de transparencia global, regional y nacional (blindaje contra la deuda basura y contra el abuso de sueldos de los banqueros, mejora en la gestión del riesgo y en los métodos de valoración y divulgación, mecanismos de control de mercados de riesgo por incumplimiento del pago de deudas, entre otras.

En el centro de las reformas estará el rediseño de las instituciones globales, en particular del FMI y del Banco Mundial, y desde los intereses del mundo en desarrollo, ambas debería ser reencauzadas en el cambio del Sistema de Naciones Unidas, que hasta ahora no ha aparecido en la crisis. Habría que tomarle la palabra al FMI, que en su Informe sobre la Estabilidad Financiera Mundial (octubre de 2008) sostiene que hay que ir a un sistema financiero más sólido, competitivo y eficiente, una resolución ordenada de las instituciones financieras inviables, mejorar la supervisión y la regulación a escala nacional y mundial, así como a “mecanismos para mejorar la eficacia de la disciplina del mercado”, y en lo inmediato tomar medidas para enfrentar la insuficiencia de capital, la desvalorización e incertidumbre en cuanto a la valoración de los activos y los trastornos de los mercados de financiamiento.

Todo eso implicará la propia reforma del FMI, pero la crisis del sistema de Bretton Wodds ya lleva cantándose desde los años setenta sin que acabe de definirse el cambio. La transformación económica, tecnológica, cultural y geopolítica de estos años ha sido formidable, mientras el gobierno mundial sigue sin reorganizarse en lo esencial.

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He sido dirigente del movimiento estudiantil de 1968, dirigente en el PMT, miembro fundador del Movimiento de Acción Política y del PSUM en los setentas. Miembro Fundador de la UNORCA. De abril a julio de 2006 fui el coordinador general de la campaña presidencial de Patricia Mercado. Como funcionario público he sido Subsecretario en la Secretaría de Agricultura, y Subsecretario en la Secretaría de la Reforma Agraria en México entre 1988 a 1994. En 1995 me desempeñé como Director de Desarrollo Rural de la FAO en Roma y desde 1997 hasta 2005 fungí como Representante Regional de la FAO para América Latina y el Caribe. Como escritor soy miembro Fundador de La Jornada y colaborador de la Revista Nexos. De 2006 a 2009 fui profesor visitante en el Taller de Teoria Política de la Universidad de Indiana en Bloomington, dirigido por los profesores Vincent y Elinor Ostrom. He concluido dos libros listos para buscar un editor sobre la transición política en México. También acabo de concluir hace unas semanas una novela intitulada "esa pasión devoradora".