sábado, julio 18, 2015

EL ESTIERCOL DEL DIABLO

L
a gravedad de la situación es palpable. Y por más que algunas almas piadosas nos llaman a ver el lado positivo de todo el desastre asociado a la fuga del criminal preso en Almoloya, el hecho es que esto es un desastre: para el presidente, para el gobierno y sobre todo para el país.
El régimen que surgió de la transición expresa cabalmente no sólo las debilidades de la transición misma, sino particularmente el andamiaje sobre el cual se construyó el mito –pero también y hay que subrayarlo, la realidad– del Estado fuerte.
El régimen autoritario sustentado en un partido hegemónico y un presidencialismo exacerbado tenía por referencia central a la Constitución política para enmarcar –y encubrir– los pactos informales con los cuales se alimentó el funcionamiento mismo del sistema. Muchos autores han subrayado este rasgo común a diversos tipos de regímenes autoritarios.
Pero la legitimación de ese régimen por treinta años se sustentó en un intercambio: progreso económico a cambio de control de los mecanismos de decisión política. Funcionó hasta que las clases medias urbanas –claras beneficiarias del desarrollo estabilizador– exigieron alguna forma de democracia a partir del movimiento de 1968, y cuando las élites económicas exigieron intervención en las decisiones de política económica a partir de las sucesivas crisis de fin de sexenio.
La transición política expresada en cambios graduales y profundos de las reglas electorales (1977-1997) coincide con un amplio proceso fallido de modernización económica y política. Se hace elegía de los ajustes automáticos del mercado, pero la mano no tan invisible del Estado promueve deliberadamente la concentración económica. Modernización del capitalismo de compadres.
Todas las élites se llenan la boca de sociedad civil, pero existe un rechazo casi instintivo a toda forma independiente de organización. Se condena retóricamente a las corporaciones gremiales, pero se pacta y fortalece a varias de ellas bloqueando la posibilidad de una reforma auténtica en varios ámbitos, como el educativo y el energético.
Mas grave aún, el éxito de los pactos informales como mecanismo de funcionamiento del aparato estatal suponía legitimidad –la llamada legitimidad del buen gobierno que es más bien el pacto entre las élites–, y el monopolio de la iniciativa política. Lo menos que hemos tenido en los últimos sexenios es buen gobierno y hemos padecido en cambio, el monopolio de la ausencia de iniciativa política.
Lo que ha producido las modernizaciones fallidas es un régimen especial sustentado en lo que el papa Francisco señaló como detrás de tanto dolor, tanta muerte y destrucción se huele el tufo de eso que Basilio de Cesarea llamaba «el estiércol del diablo». La ambición desenfrenada de dinero que gobierna.
Éste es un régimen en decadencia gradual y administrada que se desmadeja desde el centro. Desarticula al Estado mismo desde la colonización que los poderes fácticos hacen de sus distintas franjas.
Terminaba mi reciente artículo preguntándome y preguntándoles: cómo pasar de la fragmentación al verdadero pluralismo.
Ninguna reforma será verdadera y útil mientras las elites políticas y económicas no entienden que no estamos en los años setentas. Hay un profundo desconocimiento de las transformaciones que han ocurrido en el país.
El desastre de la fuga del criminal de Almoloya se suma a una serie de episodios dramáticos, cuyo punto de quiebre ha sido la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa. Graves en sí mismos lo son más por lo que revelan respecto al estado actual de las élites en México.
Nuevamente una profunda reflexión del papa Francisco en su singular discurso en Bolivia es relevante para este momento: yo llamo poliedro, una forma de convivencia donde las partes conservan su identidad construyendo juntas la pluralidad que no atenta, sino que fortalece la unidad.

sábado, julio 04, 2015

ESPACIOS PÚBLICOS CONTRA LA FRAGMENTACIÓN

Desde 1962, en pleno auge del Estado del Bienestar, Habermas plantea una cuestión que hoy en día, en plena crisis, vuelve a resultar fundamental: ¿en una era post-liberal, donde el clásico modelo del espacio público ha dejado de ser viable en términos sociopolíticos, puede ser efectivamente reconstituido bajo condiciones políticas, culturales y socioeconómicas radicalmente diferentes?
Pierre Rosanvallon en su libro La contrademocracia (2006), haciéndose cargo del déficit de confianza de los ciudadanos hacia sus sistemas democráticos, da cuenta del surgimiento de contrapoderes sociales informales e instituciones “destinados a compensar la erosión de la confianza mediante una organización de la desconfianza”.
Uno de los ámbitos de los contrapoderes, según Rosanvallon, es lo que denomina la democracia de control. La vigilancia sobre quienes ejercen los poderes, se convierte en una modalidad de acción que adquiere la forma contemporánea de los whistle-blowers. También se desarrolla un vigilancia regulatoria que busca establecer  mecanismos de desempeño por medio de evaluaciones y esquemas de calificaciones. Así el ciudadano-vigilante excede las funciones del ciudadano-elector. (Rosanvallon, p.55). Rosanvallon se refiere a tres formas de legitimidad: la legitimidad procedimental cuya institución de implementación es el sufragio universal; la legitimidad por imparcialidad a través de las instancias de justicia o de autoridades independientes como los órganos reguladores ; y la legitimidad sustancial-moral que corresponde a la afirmación de valores reconocidos por todos.
El conflicto de estas distintas formas de legitimidad genera la tensión que se encuentra en el origen de lo que llama Rosanvallon “la visión cesarista de la política”: el espacio público nunca es entendido como interacción entre grupos e individuos, “sólo se le percibe bajo las especies estereotipadas de la institución legal”. (p. 116)
Este monismo democrático es esencialmente iliberal porque es anti-pluralista: la pretensión de deslegitimar todas las expresiones de la sociedad que no han sido consagradas por las urnas. “De ahí procede la vieja desconfianza hacia el hecho asociativo junto con la negativa de reconocer una forma de legitimidad política a los que intervienen desde una sociedad civil siempre reducida a las particularidades que ella traduce. Lo que se acepta como libertad se niega al mismo tiempo como institución”. (p. 117)
Cabe insistir que por espacios públicos no se entienden estructuras paralelas de poder, sino más bien se trata de instancias de colaboración y complementación, en especial respecto de los poderes constitucionalmente establecidos. Es posible hablar de una democracia participativa en apoyo a la democracia representativa siempre y cuando no sea esto un atajo o una cobertura para encubrir en el fondo una crítica velada a la democracia llamada “formal”. La democracia –y no está de más repetirlo-  requiere de mecanismos representativos y participativos de la ciudadanía. Pero como alguna vez afirmó Carlos Pereyra “la democracia siempre es representativa” (1988)
Las reflexiones anteriores sirven para encuadrar el momento actual que vivimos en México. Se trata de reconocer que tanto la modernización económica impulsada por la crisis de pagos en los ochentas como la dilatada modernización política iniciada en 1977 han convergido en un régimen especial que al tiempo que expresa el desmadejamiento del poder estatal, genera la colonización por poderes fácticos de franjas de poder político y/ económico, y produce fragmentación social mas que pluralismo.

Me parece que aquí se encuentra el reto central de gobernabilidad que hoy enfrentamos desde el gobierno, desde la sociedad y desde los poderes constituidos: cómo transitar de la fragmentación a un efectivo pluralismo capaz de reconstruir el espacio público y el poder del Estado?

sábado, junio 20, 2015

EL DIA DESPUÉS: ¿QUÉ SIGUE?

En mi artículo anterior llamando a votar, desee que el resultado electoral para el Congreso federal y los resultados en varias gubernaturas expresaran el desencanto con los tres partidos principales y la enorme desconfianza a darle a ningún partido, coalición un mandato contundente que pudiera conducir a una lectura errónea sobre el grado de deterioro social en el país.

Resultados. Me parece que esto ocurrió. Los tres partidos principales perdieron votos y territorios. El PRI no recuperaba la mayoría parlamentaria desde 1991 pero en ese año la recuperó solo: ahora con el 29% del voto requiere de Verde, del PANAL y probablemente de Encuentro social. El PAN tuvo uno de los peores resultados en elecciones intermedias. El PRD perdió el DF. MORENA ganó el DF pero perdió el sur-sureste su fuente fundamental de votos y es marginal en el centro-norte. El Verde perdió votos y prestigio si acaso le quedaba algo.

Novedades electorales. Gana Movimiento Ciudadano gracias a sus candidatos cuasi-independientes. Y las candidaturas independientes. Su peso real es diferente y también su peso simbólico. Pero el Bronco en Nuevo León, Clouthier en Sinaloa, Martínez en Morelia y Kumamoto en la zona metropolitana de Guadalajara; superaron los obstáculos enormes puestos al proceso de candidaturas independientes. El voto nulo no creció pero en parte es una expresión de protesta. Mas importante aún para un grupo relevante de ciudadanos –mas que en las elecciones intermedias anteriores, pero que no llega al 50% del padrón total- el espacio electoral sigue siendo central para decidir quienes gobiernan y en qué ámbitos.

El momento actual. Lo define la desarticulación que se expresa en debilidad de las instancias típicas de procesamiento de conflictos –sindicatos, asociaciones gremiales, asociaciones cívicas, y sobre todo partidos-, pero también en capacidad de implementación de políticas. Se confunde frecuentemente pluralismo con fragmentación. Tenemos mucho de lo segundo y poco de lo primero.
Los canales de mediación y resolución de conflictos están azolvados. La capacidad de los gobiernos frente a conflictos sociales se mueve entre la amenaza del garrote, las represiones selectivas, los intentos de cooptación y la capitulación frente a poderes fácticos.

La disyuntiva. Si nos quedamos en el terreno de las reglas electorales entonces la discusión es cómo resolver la fragmentación partidista. Algunos plantean la segunda vuelta.
Otros creemos que debe reconfigurarse el sistema de partidos regresando a muchas de las reglas pre-1996. Dos particularmente: registros condicionados al resultado electoral y asociaciones políticas nacionales. Que sean los ciudadanos lo que resuelvan las características del sistema de partido no supone la fragmentación. Eso ya lo tenemos. Con el registro condicionado se podría graduar, por ejemplo 1% del voto total para reconocerse como partidos, 2% para acceder a las prerrogativas públicas, 3% para acceder al poder legislativo. Las asociaciones políticas nacionales, estatales o municipales podrían ser comunidades de ciudadanos con posibilidad de participar en elecciones en alianza con partidos y además, centros de iniciativas y formación ciudadanas. El tema del financiamiento requiere revisarse: menos financiamiento público pero solamente financiamiento público me parece la fórmula adecuada.
Las reglas de candidaturas independientes deben simplificarse y fomentarse. Si se abre la opción de nuevos partidos sujetos a los resultados electorales que obtengan, quizás están sean más proclives a presentarse en los ámbitos locales y estatales.
Empero el tema central es cómo transitar de la fragmentación al pluralismo. Esto requiere impulso de muchas formas orgánicas de intermediación y de una fundamental reforma del Estado.

La pregunta entonces es: ¿existe una coalición social y política para impulsar estas transformaciones?

sábado, junio 06, 2015

ENTRE LA RABIA Y LOS PRIVILEGIOS ESCOJA SU DEMOCRACIA (5 Y ÚLTIMO)

A mi amigo y compañero Manuel Camacho Solís

Es indispensable que votemos el 7 de junio porque lo que se está jugando más allá de los partidos y de esta decadente clase política es la propia sobrevivencia de una democracia frágil y endeble.

Contexto. Una crisis económica que profundiza el estancamiento de 25 años, una crisis de representación expresada en el deterioro del sistema de partidos, una larvada crisis del sistema de justicia de la cual Iguala es un caso paradigmático pero no único. Su confluencia se magnifica con la ausencia de un puente mínimo de confianza de los ciudadanos frente a las autoridades sean o no gubernamentales.

La rabia. En mi primer artículo de esta serie decía que la rabia se desenvuelve en diferentes espacios de la sociedad mexicana. Lo mismo en zonas de alto riesgo que en territorios que gozan de relativa seguridad. Afecta a  regiones de rápido crecimiento así como a bolsones de estancamiento. Se trasmite al interior de instituciones en los tres poderes y en los órganos cada vez menos autónomos.

Los privilegios. Las cínicas muestras de privilegios se toleran mucho menos que en el pasado y hechos horripilantes que apenas habían merecido débiles protestas se convierten en explosiones de descontento. Se rechazan los privilegios que han sido cada vez mas ostensibles pero también la impunidad a pesar de la enorme sanción moral que se expresa en redes, en encuestas y en actitudes.

Un democracia coja. Los canales de mediación y resolución de conflictos están azolvados. La capacidad de los gobierno federales y estatales para negociar y resolver conflictos sociales se mueve intermitentemente entre la amenaza del garrote, las represiones selectivas, los intentos de cooptación y la entrega de franjas territoriales a la ilegalidad en sus distintas expresiones.
Parece entonces que, como señaló Cossío Villegas “hemos alimentado nuestra marcha democrática bastante más con la explosión intermitente del agravio insatisfecho que con el arrebol de la fe en una idea o una teoría”.

El dilema electoral. El dilema es claro: aceptar el espacio electoral como el ámbito para dirimir discrepancias y contradicciones; o romper con el espacio electoral tout court. Aceptar el espacio electoral puede asumir muchas variantes: votar por un partido o candidato, votar por castigo, votar anulando. No aceptar el espacio electoral llamando a no votar para proponer mecanismos de construcción comunitaria democrática desde abajo es una opción valida aunque a mi juicio incorrecta siempre y cuando se desarrolle en el marco de asumir las reglas de la democracia.

La deslealtad. Pero hay dos formas de acción desleales con la democracia  que la dañan de manera deliberada. Una es la violación sistemática de las leyes como lo ha hecho el Partido Verde, sus patrocinadores, y un numero importante de integrantes de las elites económicas que no pagan impuestos, forman parte del consorcio de la corrupción de obras y bienes públicos y además exhiben descaradamente sus privilegios y canonjías.
Otra es el uso de la violencia para impedir que otros ciudadanos puedan ejercer su derecho a votar como está ocurriendo en Oaxaca y,  de manera mas limitada pero no menos ominosa en otras regiones como Guerrero, Michoacán, Chiapas o Tamaulipas. En estas regiones han desaparecido en sentido riguroso los poderes constituidos.
Mejor coja que re-coja. Deseo que el resultado electoral para el Congreso federal y los resultados en varias gubernaturas expresen el desencanto con los tres partidos principales y con el proceso electoral y la enorme desconfianza a darle a ningún partido, coalición o grupo un mandato contundente que pueda conducir a una lectura errónea del grado de deterioro social en el país.

Quizás nos daría a todos pero particularmente a las elites políticas y económicas una última oportunidad para reformarse y corregirse.

sábado, mayo 23, 2015

ENTRE LA RABIA Y LOS PRIVILEGIOS: DISCRIMINACIÓN/4

ENTRE LA RABIA Y LOS PRIVILEGIOS ESCOJA SU DEMOCRACIA: DISCRIMINACION
Gustavo Gordillo/4
Uno de los discursos memorables del entonces candidato Obama en Filadefia fue producto de una viciosa campaña de la derecha extrema que buscaba vincularlo con elementos radicales en su pasado. En ese discurso habló del tema que aún ahora divide a los estadounidenses: el racismo.
Esta controversia se inició por los discursos inflamatorias del Reverendo Wright el lider espritual de la iglesia a la cual asistía regularmente Obama.
En su discurso Obama no niega desconocer el contenido radical de la pastoral de Wright ni sus opiniones controvertidas con las cuales, decía el entonces candidato, frecuentemente no coincidía. Pero al mismo tiempo argumenta que se mantuvo en esa iglesia y con ese pastor que lo introdujo a la fe cristiana y le enseñó la importancia de trabajar por el prójimo. Por ello señala que no puede totalmente marcar su diferencia con Wright o con la Iglesia o para el caso, con la comunidad negra. Continúa señalando las muy diversas frustraciones de gente de color que aspira a hacer posible su "sueño americano" y no lo logra por falta de oportunidades, por agresiones raciales o por haber tomado caminos equivocados.
Esa rabia, señala, irrumpe en la cocina, alrededor de la mesa, y ocasionalmente en el púlpito y en las ceremonias religiosas. Pero precisamente porque conoce esas trayectorias de los negros no puede desmarcarse ni de Reverendo Wright, ni de su iglesias ni de la historia de muchos negros.
Al mimo tiempo reconoce que la rabia y la frustración también se expresa en la comunidad blanca y nuevamente es en las cocinas alrededor de la mesa -esto es una expresión literaria queriendo señalar los espacios ocultos, cerrados, privados de la gente- donde explota la frustración por las acciones afirmativas a favor de la comunidad negra, la falta de oportunidades para los obreros blancos.
Esos perjucios raciales de ambos oscurecen lo que quiere enfatizar Obama. Su efecto es ocultar la raiz de esas frustraciones que se encuentra en mecanismos económicos que segregan a unos y otros.
Pero el punto clave del discurso reside en que confronta las verdaderas frustaciones racistas de segmentos de ambas comunidades cuando se expresan crudamente, de manera privada. Busca sin condenar, las verdades de los otros y las otras.
Lo anterior tiene que ver con la controversia suscitada por la conversación privada del presidente del INE, Lorenzo Córdova.
Expreso mi opinión : a) fue ilegal grabar una conversación privada y difundirla, b) Cordova es un excepcional funcionario público; c) como nunca el árbitro electoral requiere de un alta dosis de autoridad moral. La democracia mexicana requiere legitimidad y confianza. Es obvio que no las tiene suficientemente. Y estos episodios presumiblemente orquestados la perjudican.
Dicho lo anterior, pienso que en muchos sectores de las clases medias y de sus capas mas ilustradas convive el lenguaje políticamente correcto y las opiniones a veces crudas llenas de racismo, homofobia y/o misoginia. Somos una sociedad particularmente intolerante y muchas veces la diferencia entre la sociedad en general y los sectores lustrados tiene que ver mas con el disimulo que con auténticas convicciones tolerantes a la diversidad.
Basados en ese disimulo se montan también estructuras apócrifas que se adjudican representaciones falsas o falseadas de segmentos de la población: mujeres, jóvenes, indígenas, campesinos,obreros. Y sobre todo ciudadanos. A veces no son cuestionadas en sus propósitos ni en su representación auténtica, por almas fariseas que matizan sus opiniones para evitar ser marcadas como racistas u homofóbicas o misoginas.
Este ambiente no ayuda sino erosiona a la democracia. Es necesario una discusión seria, sin prejuicios pero también sin hipocresías sobre los amplios espacios donde opera la discriminación tan consustancial a la sociedad y al estado mexicano.
Twitter: gusto47
gustavogordillo.blogspot.com

sábado, mayo 09, 2015

ENTRE LA RABIA Y LOS PRIVILEGIOS ESCOJA SU DEMOCRACIA/ 3

Otro factor que erosiona gravemente la frágil democracia en la que nos encontramos tiene que ver con el relativo estancamiento económico que ha sufrido el país en mas de dos décadas. Ha habido breves momentos de crecimiento en algunos años. La tendencia empero es al estancamiento con un grave crecimiento de la informalidad, persistencia de la pobreza,  desigualdad social, endeble mercado interno y mucho más etcéteras.
La caída abrupta del precio del petróleo y el entorno internacional poco favorable, ha generado dos anuncios desde la Secretaría de Hacienda y Crédito Público. Uno que regresamos a la vieja historia de recortes presupuestales. Otro, que puede ser una novedad si en verdad se hace, que sería partir de un ejercicio de presupuesto base cero.
A fines de enero el secretario Videgaray planteó que “Que nos atrevamos a identificar aquéllas áreas que representan duplicidades; aquéllos programas que no cumplen con sus propósitos; que no tienen los niveles de rentabilidad social que las evaluaciones exigen que tengan, o que tienen impactos regresivos en materia de distribución del ingreso y la riqueza.”
Con todo y lo necesario que implica lo anterior varios analistas y centros de estudios han llamado la atención sobre los problemas de rigidez del presupuesto y la necesidad de contemplar un ejericico de esa naturaleza a lo largo de un horizonte de varios años ( ver por ejemplo el analis del CIEP aqui). Hay desde luego, a pesar de todo, mucho de donde cortar sobre todo en el gasto corriente que de acuerdo al documento oficial denominado Pre-criterios de política económica para 2016 creció “entre 2000 y 2013 a una tasa real anual promedio de 5.2 por ciento y llegando al 15.2 por ciento del PIB”. Aún así hay que precaverse contra la idea simplista que todo gasto corriente es ineficiente; sin cierto tipo de gasto corriente el gasto en inversión tiende a rezagarse aun mas de lo que ya está.
Pero aún asumiendo la necesidad de racionalizar el gasto público ésta puede ser una condición insuficiente para salir del estancamiento económico. Se necesita como todos sabemos dinamizar el mercado interno, e impulsa la inversión pública. Esto es un tema más de política y de coaliciones que sólo de sumas y restas como nos recordó Rolando Cordera  hace dos semanas.
Entre organizaciones campesinas, grupos rurales, académicos y organismos multilaterales ha sido casi mantra demandar un presupuesto base cero para el gasto rural. Por tres razones. Primero porque los subsidios agrícolas son altamente regresivos y benefician mas a los que menos necesitan. Segundo, porque la completa desconexión entre la política social y la política de fomento productivo en el medio rural daña a ambas y hace que todos los subsidios progresivos como lo de Oportunidades-Prospera sean completamente cancelados con la política regresiva del gasto agropecuario. Tercero, porque tanto la política social como la política de fomento productivo adolecen de una gran dispersión en sus programas y falta de real focalización que propicia duplicación,cobertura limitada y poca claridad en los objetivos a alcanzar. A lo anterior se añade que a falta de mecanismos claros y transparentes de rendición de cuentas, la corrupción se ha multiplicado en donde mas cuidado debería haber con los recursos públicos.
El problema central empero es que no hay una verdadera política pública que articule el combate a la pobreza rural con el fomento productivo.

Es decir un presupuesto base cero  para el ámbito rural deberá partir de una misión central: erradicar la pobreza rural a partir del propio esfuerzo de los pobres rurales aprovechando su enorme potencial productivo. Para esto la Ley para Impulsar el Incremento Sostenido de la Productividad y Ia Competitividad recientemente aprobada en el Congreso de la Unión puede constituirse en el marco adecuado.

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