sábado, marzo 14, 2015

CONFIANZA (2): EL PRESIDENTE

En House of Cards (HoC)  Frank Underwood un despiadado y hábil político, deja un reguero de cadáveres reales y virtuales en el camino hacia el poder presidencial.
House of Cards es la popular serie originalmente británica y luego presentada en tres temporadas hasta el momento, en ambientación americana. Underwood  un congresista demócrata encargado de disciplinar a la mayoría parlamentaria, es el principal personaje.
Después de ganar las elecciones presidenciales, el Presidente Garret Walker le informa a Frank, a través de Linda Vasquez, Jefe de Gabinete, que el acuerdo de nombrarlo Secretario de Estado no podrá concretarse. Frank, sintiéndose traicionado comienza una elaborada estrategia junto con su esposa Claire –“detrás de todo gran hombre, hay una mujer con las manos ensangrentadas”-, que se desarrolla en las dos temporadas, en contra de Walker. En la segunda temporada Frank logra colarse como vice-presidente y luego complotando sistemáticamente contra el Presidente contribuye a colocarlo en una situación cercana al impeachment, que el Presidente Walker elude, renunciando y en consecuencia abriéndole las puertas de su paraíso deseado: la presidencia.
Ya el año pasado Ian Crouch del New Yorker, comentaba que House of Cards “tiene por tema central el desprecio hacia políticos, operadores, periodistas. Expresa un profundo desprecio a las reglas y al estado de derecho porque el argumento central gira alrededor de cómo burlar las leyes y cómo traicionar acuerdos políticos”.
Me pareció entonces y ahora que el mensaje es más devastador. Tras las campañas anti-política y anti-políticos se esconde una incitación a defeccionar de la participación ciudadana. Es decir deja que los Underwoods del mundo gobiernen y con ellos los poderes reales.
Esta tercera temporada es lo mismo pero en cámara lenta. Con un obvia diferencia. Llegado al poder presidencial se da cuenta que tiene poco poder. De ahí una de las pocas citas citables: La presidencia es la ilusión de poder elegir.
La novedad es que ahora no necesita aventar a sus opositores a un carro del metro en movimiento, sino que usa drones. La decisión sobre si el Ejecutivo debe o no recurrir al expediente de la seguridad de Estado en la comparecencia de la Procuradora General ante la Corte Suprema permite reconocer en Heather Dunbar a su potente opositora en la elecciones primarias, a la autora de otra frase celebre -¿Asi es cómo vives tu vida, haciendo que lo obsceno sea apetecible?- pero sobre todo permite el debate diría central de esta tercera temporada de HoC . Uno de los magistrados pregunta :Pero que evita el abuso del poder? Dunbar responde que es exagerado el temor a un Ejecutivo fuera de control. El Presidente no puede legislar, no puede definir los destinos de los dineros públicos, no puede encarcelar añade, y además tiene fuertes incentivos políticos y electorales para actuar conforme el interés público. Todo lo cual Underwood viola dando una prueba más del ejercicio de la democracia delegativa a la que se refirió el politólogo Guillermo O'Donnell.
Pero estamos en la teleserie HoC. La figura y las escenas donde aparece el presidente ruso Petrov son tan absolutamente kitsch pero actuales que les dedicaré mi siguiente entrega.
Termino estos comentarios enumerando las tres escenas de sexo sin sexo –cuando Claire decide montar, cuando el novelista famoso casi la arranca la nariz al Presidente de un mordisco, y el intento fracasado de sexo salvaje- para concluir que la frase que preside todas las temporadas de HoC es esta: Todo es acerca del sexo. Salvo el sexo que tiene que ver con el poder.

¿Y que tal si en la cuarta temporada –perdón por ser un potencial spoiler- Claire convence a su marido el Presidente Underwood que se baje de las primarias y en su lugar sea ella la que enfrente a la Dunbar en las primarias demócratas? Mmm, mujer, rubia y esposa de un presidente en 2016!

martes, marzo 03, 2015

LA CONFIANZA: EL LIDER (1)

(Versión libre inspirada más no determinada por el reportaje de Arturo Cano  en La Jornada 25.02)
Se  mira al espejo. Concluye satisfecho que sus 95 años casi ni se notan. Se acuerda que llegó de niño y Don Lider Sempiterno le agarró confianza. Desde entonces todo fue ascender. Desde el elevador del viejo edificio hasta el ascensor de la movilidad social especialmente diseñado para los líderes sindicales empeñosos y disciplinados, sobre todo.
Quién sino él, listo para enfrentar las turbas del izquierdista Galván.¡Traidores,concupiscentes! ¿Para qué queremos aumentos si se va a disparar la inflación? ¿Y la democracia sindical con qué se come?
Quién sino él, listo para sumarse al bloque patriótico obrero-campesino contra los anarquistas estudiantes del 68. ¡Traidores concupiscentes! ¡Fuera las ideas exóticas que demandan democracia cuando ya existe gracias a la patriótica conducción en aguas procelosas de nuestro Líder de las Instituciones!
Esos dedos flamígeros anónimos, esos fantasmas del rumor y la concupiscencia, esas expresiones de rabia mal contenida, envidiosos y envidiosas del infatigable ascenso nacional, esos provocadores de la división nacional siempre querrán crear confusión y consternación en la noble y sabia, aunque a veces caprichosa opinión pública.
Pero claro uno se pregunta: ¿siendo tan leales como son y tan patrióticos como se ufanan ser, por qué han sido marginados del poder?  No se crea el querido lector y la querida lectora que simplemente se apendejaron.
Su oficio era engañar a las masas y al prójimo que se dejara. En el camino se embuchacaban cuanto dinero y posesiones cruzaban por sus dominios. Eran algo así como despojos de la guerra que acababan de ganar. Esas guerras lo mismo eran relleno de ánforas, acarreo de masas para votar, huelgas locas o secuestros de inconformes. También ofrecían consejos ciertamente interesados pero certeros al Jefe Supremo. Hasta que éste decidió rodearse de puros doctorados de Harvard, MIT, Princeton y Yale. Los odiados tecnócratas. Además con estudios en las prepas católicas y licenciaturas en el ITAM o de perdis en la Ibero o el Tec de Monterrey.
Pero qué saben exclamaron furibundos hace 30 años, estos fundamentalistas del déficit cero, estos promotores del dilema del prisionero, estos dramaturgos de múltiples tragedias incluyendo la de los comunes, estos impresentables marcados de por vida con el Índice de Gini, estos peripatéticos de la ley de Engel, estos arquitectos de las ventajas comparativas y adoradores del caeteris paribus! ¡Qué saben de lo que sueña y anhela el pueblo, EL VERDADERO PUEBLO!
Qué saben de las proezas anónimas de quienes imaginamos, diseñamos, ejecutamos e  innovamos en el entonces ignoto campo de los derechos ciudadanos. Ratón loco, carrusel, urnas embarazadas; en fin, un sinnúmero de nuevas tecnologías adaptadas a nuestra cultura, a nuestra forma de ser con el generoso propósito de orientar y en su caso reconducir el sentir popular hacia su destino manifiesto. Nosotros.
¿Y ahora qué?
Marchas por todos lados, pactos con los parrapas, esos que viven aquí en la esquina, para oprobio de México, con su suciedad y holganza.
¿A quién benefician? A la Patria, no. A los ciudadanos menos. Ahora están confusos, no saben por quién votar. Antes tampoco pero tenían a sus orientadores. ¡Nosotros meros! Pero que no le quepa duda a los prevaricadores: somos leales y disciplinados.
Y con todo, se dice frente al espejo poco antes de develar la estatua a si mismo que rinde cuenta de sus proezas: nosotros no tenemos problema de desempleo. Estos avances los hemos logrado sin invadir calles. Desempleo e informalidad los otros.

Todo orgulloso y seguro de sí  mismo se encamina a la ceremonia donde afirmara con contundencia y recto patriotismo frente a sus detractores: ¿Qué porque los trabajadores están jodidos yo también debo estarlo?

sábado, febrero 14, 2015

NI ESTADO NI CIUDADANOS, SINO TODO LO CONTRARIO

Fernando Escalante ofrece otro luminoso texto (Ciudadanos inexistentes, Nexos, octubre de 2002)  diez años después de aquel libro sobre la cultura cívica en el siglo XIX mexicano intitulado Ciudadanos imaginarios (El Colegio de México,1992).

Evoco sus textos porque me parece impactante la cantidad de escándalos de corrupción que se han destapado en los últimos tiempos desde los negocios de la sucursal de HSBC en Ginebra a los reportajes de NYT sobre la compra de bienes inmuebles en la Gran Manzana.

En nuestro caso el más reciente episodio nacional sobre la red de corrupción en el Estado de Guerrero se añade al voluminoso expediente de la corrupción en México, amén de los casos mexicanos que se derivan del HSBC suizo y de los reportajes neoyorkinos.

En su libro Escalante centra su argumento en que en el siglo XIX no existieron ciudadanos sino leyes y códigos que apelaban a algo imaginario.
Eso no significaba sólo caos, sino un cierto orden dentro del caos. Ese orden estaba basado en un conjunto de creencias y valores que conspiraban contra el ideal republicano del ciudadano.

En el campo el orden rural estaba organizado alrededor de la comunidad, y entre los poderosos primaba, alrededor de la hacienda, el orden señorial que suponía una personalización de la autoridad, una organización jerárquica de la sociedad, un localismo, relaciones políticas clientelares y un recelo frente a la autoridad formal.

Su conclusión es que en el México del siglo XIX hubo “una persistente tradición de desobediencia y un notable desapego del Estado”.

En un reciente ensayo en Nexos (octubre de 2002) parte de una afirmación contundente: “Se dice que no hay ciudadanos. Es verdad. Lo que hay, en general, es lo que ha habido siempre. Tenemos una sociedad acostumbrada a participar, a exigir, a imponerse incluso, pero no de manera civilizada ni democrática”.

El surgimiento de la idea de Sociedad Civil –que ocupa el lugar que antes tenía el Pueblo, el Proletariado o el Sujeto Revolucionario- permite completar una narrativa sobre una Sociedad oprimida, dechado de virtudes y motor del cambio. Estamos en los noventas con un discurso decisivo aunque desde luego no único que acompaña la azarosa marcha hacia la primera Alternancia.

Pero ahora, continúa argumentando Escalante, en la segunda década del siglo XXI, “la sociedad se vuelto mala: incivil, antidemocrática, refractaria al cambio, porque eso sirve para contrarrestar el desencanto y para justificar…la ineptitud de los políticos”. Y concluye que si no se cumple el mínimo indispensable de civilidad que es cumplir con la ley, es porque no hay una expectativa razonable de que los demás hagan lo mismo. Para Escalante los “defectos” de nuestra ciudadanía son el signo de la precariedad del orden político. Es decir “el problema no es que no haya ciudadanos, sino que no hay Estado”.

Decía en mi artículo de hace 15 días http://gustavogordillo.blogspot.mx que lo más dramático es una situación en donde se tiene un Estado debilitado y una sociedad fragmentada. Es para esta coyuntura -en la cual llevamos inmersos bastante tiempo- para la cual tenemos que pensar, proponer y negociar posibles salidas.

Lo que me interesa de los textos de Escalante es la interacción entre reglas formales e informales, y los códigos que se generan en un contexto relativamente caótico pero que sin embargo tiene diversos órdenes. Me permite avanzar en la idea que he planteado respecto a que la transición a la democracia en México generó un régimen especial que no es el régimen autoritario transvestido pero tampoco el democrático que se imaginó en la larga marcha de las movilizaciones sociales y ciudadanas.


A este régimen lo he denominado régimen otomano siguiendo la analogía que Garton Ash hizo en sus textos sobre los regímenes en Europa del Este ya en plena decadencia del comunismo.

sábado, febrero 07, 2015

sábado, enero 31, 2015

DECIR LAS COSAS POR SU NOMBRE

ESTE ARTÍCULO SALIÓ PUBLICADO EN LA JORNADA DEL 31 DE ENERO DE 2015
El nombre es emergencia nacional.
Esta tormenta perfecta que estamos padeciendo tiene cuatro ejes visibles.
Uno, la crisis económica producto de la caída del precio del petróleo se desvela en toda su magnitud. Le pega tan violentamente a las finanzas públicas que antier se anuncia un recorte de 0.7% del PIB.
Dos, el casi desplome del sistema de partidos se ilustra todos los días con un nuevo escándalo en alguna de las Tres Casas Mayores y con diversos e inquietantes pleitos inter-partidistas.
Tres, la narrativa presentada por la PGR es impactante porque nunca antes –y después de 22 mil desaparecidos y una cantidad inverosímil de muertes ligadas a la violencia de los criminales- una autoridad federal había rendido cuentas detalladas del proceso por el cual unos ciudadanos han sufrido una desaparición forzada. Faltan aun muchos cabos sueltos, pero las sospechas que las investigaciones están sesgadas para evitar involucrar a actores claves o que algunas declaraciones de los culpables materiales fueron obtenidas mediante tortura, son altas. Pueden ser injustas pero están sustentadas en una larga trayectoria de graves falencias de las instancias judiciales. Iguala es además de un crimen execrable, la expresión plástica de una profunda y larvada crisis del sistema de justicia.
Cuarto, la magnitud de cada una de las tres crisis se multiplica con la ausencia de un puente mínimo de confianza de los ciudadanos frente a las autoridades sean o no gubernamentales. Las instancias no estatales como la iglesias, los medios de comunicación o la elite empresarial harían bien en revisar las diversas encuestas de opinión recientes sobre la confianza ciudadana en todo tipo de instituciones, antes de estar machacando en las culpas, que son muchas, de las instancias estatales.
Una situación como la que vivimos invita a todos tipo de aventuras que pueden llevar aún a mayores tragedias. La tentación milenarista es grande.
Se expresa en clave conservadora como una restauración del autoritarismo “dicta-blanda” del priísmo de los cincuentas. Es ilusoria este tipo de regresión dado el camino avanzado en una democracia frágil como la mexicana. Podría en cambio ser más brutal y descarada.
La otra es la tentación progresista alimentada en analogías tomadas de la revolución naranja de Ucrania o las movilizaciones griegas. En Ucrania ya tenemos un veredicto trágico. En Grecia, la movilización social ha logrado expresarse en las instituciones, impugnando a la partidocracia desde un partido que es la cristalización de una coalición social y a la representatividad de los órganos del Estado, desde uno de éstos, el Parlamento.
Para este momento nada peor que los dos espejismos a los que convoca la tentación milenarista: el desplome del régimen o la extinción de la movilización. 
Lo más dramático es un situación en donde se tiene un Estado debilitado y una sociedad fragmentada. Es para esta coyuntura -en la cual llevamos inmersos bastante tiempo- para la cual tenemos que pensar, proponer y negociar posibles salidas.
Momentos como éstos me hacen pensar en mi gran amigo, Manuel Camacho Solís. Lo conocí hace 50 años cuando ambos ingresamos en 1965 a la entonces Escuela Nacional de Economía. Ambos hijos de médicos militares, ambos procedentes de preparatorias privadas y confesionales. A lo largo de estos años he mantenido con Manuel un enriquecedor diálogo político en donde frecuentemente coincidimos pero también discrepamos. Lo esencial de este diálogo ha sido el respeto al otro sustentado en el razonamiento y la argumentación.
Lo que más le admiro es su enorme capacidad para encontrar espacios de negociación y convergencia aún en los momentos más ríspidos, en las circunstancias menos propicias y con los actores más insospechados.

Hago votos por su pronta recuperación porque las circunstancias requieren de personas como él.

domingo, enero 18, 2015

#JesuisCharlie MAIS PLUS ENCORE

A Francia que me acogió generosamente en los momentos más negros de México

Charlie tendía a identificar no sin arrogancia pero sí con elegancia lo que consideraba peligros para la democracia. Gracias a Charlie en un momento decisivo se cambió el contexto legal cuando las grandes corporaciones mediáticas buscaban limitar el periodismo de investigación a mediados de los ochentas. Luz uno de los moneros –que sobrevivió a la masacre- escribía una tira cómica burlándose de un alto funcionario del Frente Nacional y de su esposa. Lo denunciaron legalmente por difamación y perdieron esa batalla. Eso abrió un amplio espacio para la sátira en los medios franceses. Se enfrentaron también en un programa de su cadena a uno de los más poderosos empresarios televisivos. Val director de Charlie entonces, fue denunciado pero la Corte de Justicia determinó que las grandes compañías medíáticas pueden en efecto ser un peligro para la democracia.

El “espíritu de Charlie Hebdo viene de un itinerario azaroso, como lo reseña Le Monde. Comienza con la revista Hara-kiri fundada en los sesentas por Cavanna y el famoso profesor Choron quien reivindicaba el humor ácido que los terminó caracterizando (“humour bete mechant”). Desde 1969 comienzan a tener un tono mas político hasta escenificar una de las primeras polémica en un número intitulado “Trágico acontecimiento a Colombey, un muerto” refiriéndose a la salida de De Gaulle de la presidencia pero donde había ocurrido un trágico acontecimiento antes en una discoteca incendiada con 146 muertos. Hara-kiri fue prohibido y para darle la vuelta surge Charlie Hebdo. En ese momento despeja y logra vender cerca de 150 mil ejemplares semanales entre 1970 y 1974.

La revista se cierra en 1981 y no regresa a la circulación sino hasta 1992 a partir de cuando logra estabilizarse en el ámbito periodístico de Francia.
El punto de quiebre es desde luego la publicación de las caricaturas de Mahoma inicialmente publicadas por un periódico danés. En 2011 sufren su primer atentado y sus oficinas son incendiadas y destruidas.

Pero esta historia tiene una segunda parte precisamente a partir del odio. Una película francesa de los noventa intitulada así “El odio”, pintaba la dramática situación que enfrentaba la población musulmana/árabe/africana concentrada por las buenas y las malas en los suburbios de Paris. Recientemente su director, Mathieu Kassovitz, respondió que si filmara una segunda parte de esa película tendría que ser más violenta. Cualesquiera información estadística confirma que la pobreza, la desigualdad y la exclusión es muy superior en la población francesa de origen musulmán o árabe en general. Sumada a un profundo racismo de una parte de la población francesa que no ha abandonado a Francia desde la guerra de Argelia pero que ha tenido como ahora momentos álgidos.

Nada de lo anterior justifica el horrendo crimen y encuentro tan lamentable como el crimen mismo, el argumento abominable surgido después del ataque a las Torres Gemelas y que hoy regresa en ámbitos que se reclaman progresistas: la “explicación” del crimen sobre la base del imperialismo/colonialismo de los países de Occidente. Llorar a las víctimas de bombardeos en Afganistán o Irak no impide sino al contrario exige llorar como tantos lo hemos hecho por las muertes de los caricaturistas de Charlie.


En cambio ambas cuestiones, los asesinatos del fundamentalismo islámico y la exclusión y discriminación que sufren las poblaciones de origen musulmán –y para el caso las poblaciones latinas en Estados Unidos- nos deben llevar a discutir a quienes creemos que es fundamental preservar la democracia liberal, sobre sus debilidades y limitaciones, y cómo corregirlas. Como lo plantea Zizek a mi parecer correctamente: “los que no quieren hablar críticamente sobre la democracia liberal también deben guardar silencio sobre el fundamentalismo” (En Orsai,11/01/15).

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