sábado, abril 11, 2015

ENTRE LA RABIA Y LOS PRIVILEGIOS ESCOJA SU DEMOCRACIA/1



T
enemos una democracia deforme, insatisfactoria, coja. Pero democracia al fin. ¿Es suficiente? ¿Para qué?
La rabia se desenvuelve en diferentes espacios de la sociedad mexicana. Lo mismo en zonas de alto riesgo que en territorios que gozan de relativa seguridad. Afecta a regiones de rápido crecimiento, así como a bolsones de estancamiento. Se trasmite al interior de instituciones en los tres poderes y en los órganos cada vez menos autónomos.
Ha sido incubada en los tres partidos principales y se expresa espasmódica en escisiones, declaraciones altisonantes, actos gansteriles y pactos subterráneos. Abunda el fuego amigo.
Las cínicas muestras de privilegios se toleran mucho menos que en el pasado y hechos horripilantes que apenas habían merecido débiles protestas se convierten en explosiones de descontento.
A pesar de esta lista impresionante, la rabia se expresa en movilizaciones reales y virtuales masivas, pero que involucran a un porcentaje pequeño de la ciudadanía.
Más importante aún, los canales de mediación y canalización de conflictos están azolvados. Uno, los sindicatos han casi dejado de existir desde finales de los ochentas. Hay explosiones obreras y sindicatos nacionales que aceptan mendrugos siempre privilegiados por sus miembros, y movimientos de confrontación permanente que partieron siendo sindicatos. Los partidos están todos muy desprestigiados. Muchas ONG han sido canal para expresar agravios específicos, pero no para orientar movilizaciones hacia resultados que las consoliden o las permitan institucionalizarse. Al contrario algunas franjas de los activistas sociales se imaginan una sociedad en permanente movilización.
El pacto de los tres partidos mayores desarrollado a mediados de las década de los 90 para alzar barreras al registro de nuevos partidos permite que sólo aquéllos que recurren al clientelismo puedan acceder a registros generalmente teñidos de sospecha cuando no de ilegitimidad.
La capacidad de los gobiernos federal y estatales de las últimas dos décadas para negociar y canalizar conflictos sociales se mueve intermitentemente entre la amenaza del garrote, las represiones selectivas, los intentos de cooptación y la entrega de franjas territoriales o sociales a la ilegalidad en sus distintas expresiones.
Parece entonces que, como señaló Cossío Villegas, hemos alimentado nuestra marcha democrática bastante más con la explosión intermitente del agravio insatisfecho que con el arrebol de la fe en una idea o una teoría.
Este momento crítico gira alrededor de cuatro ejes.
La crisis económica acicateada con la caída del precio del petróleo se desvela en toda su magnitud.
Una profunda crisis de representación que se expresa sobre todo en el deterioro del sistema de partidos.
Iguala, además de escenificar un crimen execrable, es la expresión plástica de una profunda y larvada crisis del sistema de justicia.
La magnitud de cada una de las tres crisis se multiplica con la ausencia de un puente mínimo de confianza de los ciudadanos frente a las autoridades sean o no gubernamentales.
Lo más dramático es la situación actual donde se tiene un Estado debilitado y una sociedad fragmentada. Para esta coyuntura tenemos que pensar, proponer y negociar posibles caminos de solución que eviten la retórica pero también el cinismo. El desencanto, que es mucho, genera la rabia y ésta a su vez conduce a callejones sin salida.
En mis siguientes entregas abordaré cuatro temas que hoy son relevantes y que se refieren a cada uno de los ejes del deterioro actual. El estancamiento económico y la discusión sobre el presupuesto base cero. Las elecciones de junio y el sistema de partidos. La seguridad humana y los gobiernos locales. La discusión sobre privilegios y corrupción.
En todos los casos el trasfondo es la clara fractura entre las élites y las distintas formas de expresiones ciudadanas.

ESTEARTICULO PUBLICADO EN LA JORNADA DEL 11 DE ABRIL DE 2015

sábado, marzo 28, 2015

CONFIANZA: EL HACENDADO MEDIÁTICO /3 Y ULTIMO

Algunos, dice Chevere Baccalao, son dueños de enormes territorios donde siembran soya y trigo. Poseen ríos y manantiales y cosechan tilapias y truchas. Su momento feliz es durante la cosecha. Ahí hacen el balance de su empeño y de su tesón. Claro, con el apoyo de los peones –particularmente si son indígenas. Pero el esfuerzo mayor es es el suyo. Su innata capacidad para coordinar, para dirigir, para entusiasmar. Pero también para regañar y por qué no: para castigar y para despedir. Se requieren cualidades especiales para ser hacendado, sin duda, dijo Hamlet Criollo. 
[La-Falsa-Tortuga los conozco antes de que nacieran dice:]
Te das cuenta de la profundidad del pensamiento de todo ese portento de hacendado que es Don Gabi.
[Comentarista Consagrado lo he dicho varios siglos antes que a nadie se le ocurriera dice:]
Pero Don Gabi posee muy poca tierra, ¿cómo que ahora resultó ser hacendado?
[La-Falsa-Tortuga los conozco antes de que nacieran dice:]
Querido tu eres sabio pero un poco anacrónico. La hacienda moderna está constituida por ondas hertzianas. En vez de soya y trigo, plantas anuncios comerciales. En vez de manantiales y ríos tienes concesiones y accesos a banda ancha. Cosechas ratings. Pero nada te hace más feliz que mantener contento a tu público.
[Comentarista Consagrado lo he dicho varios siglos antes que a nadie se le ocurriera dice:]
¿Es decir a los que los escuchamos y vemos? ¡Los ciudadanos, pues!
[La-Falsa-Tortuga los conozco antes de que nacieran dice:]
También a los ciudadanos. Pero sobre todo los grandes patrocinadores.
A Don Gabi lo admiro no sólo por lo que construye sino por lo que escribe. En su multicitado laudatio al jefe de las instituciones expresa “para que no exista duda de mi buena fe y mi entrega a su gobierno y muy especialmente a quien respaldo abiertamente por su actitud valiente, sensata y patriótica”.
[Comentarista Consagrado lo he dicho varios siglos antes que a nadie se le ocurriera dice: ]
Le informa con precisión de los agradecimientos recibidos por la lealtad de su medio. El secretario del Interior me ha orientado e indicado líneas a seguir en cada caso, externándome su conformidad con mi actuación y me indicó que gracias a la información que en detalle le di, se paró a tiempo ese detalle —de un desplegado subversivo a favor del movimiento— y además se logró que un grupo de reporteros amigos hicieran una publicación en apoyo al régimen.
[LaFalsaTortuga los conozco antes de que nacieran dice:]
Pasa después a notificarle al Salvador de la Patria que también recibió muestras de agradecimiento del Fiscal especial, del Regente de la Zona Metropolitana y del Ministro de Información, dado que, como subraya el ilustre patriota e intelectual Don Gabi: nosotros proporcionamos a otros medios la foto del trapo que izaron en el asta bandera los estudiantes.
// Hamlet Criollo: Precisión histórica sobre el movimiento estudiantil de 1968: el susodicho trapo la izaron sospechosamente unos provocadores y luego que el ejército desalojó a los estudiantes otros provocadores izaron una bandera más grandota también rojinegra //
[Comentarista Consagrado lo he dicho varios siglos antes que a nadie se le ocurriera dice:]
Pero es en el colofón donde Don Gabi llega al paroxismo literario y al orgasmo patriótico. Le dice al Jefe:
Sinceramente creo que mi lealtad y la de mis hijos está a prueba de cualquier duda. Sin embargo, mucho le agradeceremos si usted personalmente cree que nos hemos equivocado, por favor nos lo haga saber. Señor nos sentimos en un cuarto oscuro y solamente usted nos puede dar la luz que necesitamos,y señalarnos el camino a seguir.
[LaFalsaTortuga los conozco antes de que nacieran dice:]
Desde luego eso ocurrió hace décadas. Nada que ver con el presente. Ya no hay

hacendados ni siquiera mediáticos. ¡Qué falta de confianza! Ahora puros empresarios emprendedores. Aunque suene a pleonasmo.

sábado, marzo 14, 2015

CONFIANZA (2): EL PRESIDENTE

En House of Cards (HoC)  Frank Underwood un despiadado y hábil político, deja un reguero de cadáveres reales y virtuales en el camino hacia el poder presidencial.
House of Cards es la popular serie originalmente británica y luego presentada en tres temporadas hasta el momento, en ambientación americana. Underwood  un congresista demócrata encargado de disciplinar a la mayoría parlamentaria, es el principal personaje.
Después de ganar las elecciones presidenciales, el Presidente Garret Walker le informa a Frank, a través de Linda Vasquez, Jefe de Gabinete, que el acuerdo de nombrarlo Secretario de Estado no podrá concretarse. Frank, sintiéndose traicionado comienza una elaborada estrategia junto con su esposa Claire –“detrás de todo gran hombre, hay una mujer con las manos ensangrentadas”-, que se desarrolla en las dos temporadas, en contra de Walker. En la segunda temporada Frank logra colarse como vice-presidente y luego complotando sistemáticamente contra el Presidente contribuye a colocarlo en una situación cercana al impeachment, que el Presidente Walker elude, renunciando y en consecuencia abriéndole las puertas de su paraíso deseado: la presidencia.
Ya el año pasado Ian Crouch del New Yorker, comentaba que House of Cards “tiene por tema central el desprecio hacia políticos, operadores, periodistas. Expresa un profundo desprecio a las reglas y al estado de derecho porque el argumento central gira alrededor de cómo burlar las leyes y cómo traicionar acuerdos políticos”.
Me pareció entonces y ahora que el mensaje es más devastador. Tras las campañas anti-política y anti-políticos se esconde una incitación a defeccionar de la participación ciudadana. Es decir deja que los Underwoods del mundo gobiernen y con ellos los poderes reales.
Esta tercera temporada es lo mismo pero en cámara lenta. Con un obvia diferencia. Llegado al poder presidencial se da cuenta que tiene poco poder. De ahí una de las pocas citas citables: La presidencia es la ilusión de poder elegir.
La novedad es que ahora no necesita aventar a sus opositores a un carro del metro en movimiento, sino que usa drones. La decisión sobre si el Ejecutivo debe o no recurrir al expediente de la seguridad de Estado en la comparecencia de la Procuradora General ante la Corte Suprema permite reconocer en Heather Dunbar a su potente opositora en la elecciones primarias, a la autora de otra frase celebre -¿Asi es cómo vives tu vida, haciendo que lo obsceno sea apetecible?- pero sobre todo permite el debate diría central de esta tercera temporada de HoC . Uno de los magistrados pregunta :Pero que evita el abuso del poder? Dunbar responde que es exagerado el temor a un Ejecutivo fuera de control. El Presidente no puede legislar, no puede definir los destinos de los dineros públicos, no puede encarcelar añade, y además tiene fuertes incentivos políticos y electorales para actuar conforme el interés público. Todo lo cual Underwood viola dando una prueba más del ejercicio de la democracia delegativa a la que se refirió el politólogo Guillermo O'Donnell.
Pero estamos en la teleserie HoC. La figura y las escenas donde aparece el presidente ruso Petrov son tan absolutamente kitsch pero actuales que les dedicaré mi siguiente entrega.
Termino estos comentarios enumerando las tres escenas de sexo sin sexo –cuando Claire decide montar, cuando el novelista famoso casi la arranca la nariz al Presidente de un mordisco, y el intento fracasado de sexo salvaje- para concluir que la frase que preside todas las temporadas de HoC es esta: Todo es acerca del sexo. Salvo el sexo que tiene que ver con el poder.

¿Y que tal si en la cuarta temporada –perdón por ser un potencial spoiler- Claire convence a su marido el Presidente Underwood que se baje de las primarias y en su lugar sea ella la que enfrente a la Dunbar en las primarias demócratas? Mmm, mujer, rubia y esposa de un presidente en 2016!

martes, marzo 03, 2015

LA CONFIANZA: EL LIDER (1)

(Versión libre inspirada más no determinada por el reportaje de Arturo Cano  en La Jornada 25.02)
Se  mira al espejo. Concluye satisfecho que sus 95 años casi ni se notan. Se acuerda que llegó de niño y Don Lider Sempiterno le agarró confianza. Desde entonces todo fue ascender. Desde el elevador del viejo edificio hasta el ascensor de la movilidad social especialmente diseñado para los líderes sindicales empeñosos y disciplinados, sobre todo.
Quién sino él, listo para enfrentar las turbas del izquierdista Galván.¡Traidores,concupiscentes! ¿Para qué queremos aumentos si se va a disparar la inflación? ¿Y la democracia sindical con qué se come?
Quién sino él, listo para sumarse al bloque patriótico obrero-campesino contra los anarquistas estudiantes del 68. ¡Traidores concupiscentes! ¡Fuera las ideas exóticas que demandan democracia cuando ya existe gracias a la patriótica conducción en aguas procelosas de nuestro Líder de las Instituciones!
Esos dedos flamígeros anónimos, esos fantasmas del rumor y la concupiscencia, esas expresiones de rabia mal contenida, envidiosos y envidiosas del infatigable ascenso nacional, esos provocadores de la división nacional siempre querrán crear confusión y consternación en la noble y sabia, aunque a veces caprichosa opinión pública.
Pero claro uno se pregunta: ¿siendo tan leales como son y tan patrióticos como se ufanan ser, por qué han sido marginados del poder?  No se crea el querido lector y la querida lectora que simplemente se apendejaron.
Su oficio era engañar a las masas y al prójimo que se dejara. En el camino se embuchacaban cuanto dinero y posesiones cruzaban por sus dominios. Eran algo así como despojos de la guerra que acababan de ganar. Esas guerras lo mismo eran relleno de ánforas, acarreo de masas para votar, huelgas locas o secuestros de inconformes. También ofrecían consejos ciertamente interesados pero certeros al Jefe Supremo. Hasta que éste decidió rodearse de puros doctorados de Harvard, MIT, Princeton y Yale. Los odiados tecnócratas. Además con estudios en las prepas católicas y licenciaturas en el ITAM o de perdis en la Ibero o el Tec de Monterrey.
Pero qué saben exclamaron furibundos hace 30 años, estos fundamentalistas del déficit cero, estos promotores del dilema del prisionero, estos dramaturgos de múltiples tragedias incluyendo la de los comunes, estos impresentables marcados de por vida con el Índice de Gini, estos peripatéticos de la ley de Engel, estos arquitectos de las ventajas comparativas y adoradores del caeteris paribus! ¡Qué saben de lo que sueña y anhela el pueblo, EL VERDADERO PUEBLO!
Qué saben de las proezas anónimas de quienes imaginamos, diseñamos, ejecutamos e  innovamos en el entonces ignoto campo de los derechos ciudadanos. Ratón loco, carrusel, urnas embarazadas; en fin, un sinnúmero de nuevas tecnologías adaptadas a nuestra cultura, a nuestra forma de ser con el generoso propósito de orientar y en su caso reconducir el sentir popular hacia su destino manifiesto. Nosotros.
¿Y ahora qué?
Marchas por todos lados, pactos con los parrapas, esos que viven aquí en la esquina, para oprobio de México, con su suciedad y holganza.
¿A quién benefician? A la Patria, no. A los ciudadanos menos. Ahora están confusos, no saben por quién votar. Antes tampoco pero tenían a sus orientadores. ¡Nosotros meros! Pero que no le quepa duda a los prevaricadores: somos leales y disciplinados.
Y con todo, se dice frente al espejo poco antes de develar la estatua a si mismo que rinde cuenta de sus proezas: nosotros no tenemos problema de desempleo. Estos avances los hemos logrado sin invadir calles. Desempleo e informalidad los otros.

Todo orgulloso y seguro de sí  mismo se encamina a la ceremonia donde afirmara con contundencia y recto patriotismo frente a sus detractores: ¿Qué porque los trabajadores están jodidos yo también debo estarlo?

sábado, febrero 14, 2015

NI ESTADO NI CIUDADANOS, SINO TODO LO CONTRARIO

Fernando Escalante ofrece otro luminoso texto (Ciudadanos inexistentes, Nexos, octubre de 2002)  diez años después de aquel libro sobre la cultura cívica en el siglo XIX mexicano intitulado Ciudadanos imaginarios (El Colegio de México,1992).

Evoco sus textos porque me parece impactante la cantidad de escándalos de corrupción que se han destapado en los últimos tiempos desde los negocios de la sucursal de HSBC en Ginebra a los reportajes de NYT sobre la compra de bienes inmuebles en la Gran Manzana.

En nuestro caso el más reciente episodio nacional sobre la red de corrupción en el Estado de Guerrero se añade al voluminoso expediente de la corrupción en México, amén de los casos mexicanos que se derivan del HSBC suizo y de los reportajes neoyorkinos.

En su libro Escalante centra su argumento en que en el siglo XIX no existieron ciudadanos sino leyes y códigos que apelaban a algo imaginario.
Eso no significaba sólo caos, sino un cierto orden dentro del caos. Ese orden estaba basado en un conjunto de creencias y valores que conspiraban contra el ideal republicano del ciudadano.

En el campo el orden rural estaba organizado alrededor de la comunidad, y entre los poderosos primaba, alrededor de la hacienda, el orden señorial que suponía una personalización de la autoridad, una organización jerárquica de la sociedad, un localismo, relaciones políticas clientelares y un recelo frente a la autoridad formal.

Su conclusión es que en el México del siglo XIX hubo “una persistente tradición de desobediencia y un notable desapego del Estado”.

En un reciente ensayo en Nexos (octubre de 2002) parte de una afirmación contundente: “Se dice que no hay ciudadanos. Es verdad. Lo que hay, en general, es lo que ha habido siempre. Tenemos una sociedad acostumbrada a participar, a exigir, a imponerse incluso, pero no de manera civilizada ni democrática”.

El surgimiento de la idea de Sociedad Civil –que ocupa el lugar que antes tenía el Pueblo, el Proletariado o el Sujeto Revolucionario- permite completar una narrativa sobre una Sociedad oprimida, dechado de virtudes y motor del cambio. Estamos en los noventas con un discurso decisivo aunque desde luego no único que acompaña la azarosa marcha hacia la primera Alternancia.

Pero ahora, continúa argumentando Escalante, en la segunda década del siglo XXI, “la sociedad se vuelto mala: incivil, antidemocrática, refractaria al cambio, porque eso sirve para contrarrestar el desencanto y para justificar…la ineptitud de los políticos”. Y concluye que si no se cumple el mínimo indispensable de civilidad que es cumplir con la ley, es porque no hay una expectativa razonable de que los demás hagan lo mismo. Para Escalante los “defectos” de nuestra ciudadanía son el signo de la precariedad del orden político. Es decir “el problema no es que no haya ciudadanos, sino que no hay Estado”.

Decía en mi artículo de hace 15 días http://gustavogordillo.blogspot.mx que lo más dramático es una situación en donde se tiene un Estado debilitado y una sociedad fragmentada. Es para esta coyuntura -en la cual llevamos inmersos bastante tiempo- para la cual tenemos que pensar, proponer y negociar posibles salidas.

Lo que me interesa de los textos de Escalante es la interacción entre reglas formales e informales, y los códigos que se generan en un contexto relativamente caótico pero que sin embargo tiene diversos órdenes. Me permite avanzar en la idea que he planteado respecto a que la transición a la democracia en México generó un régimen especial que no es el régimen autoritario transvestido pero tampoco el democrático que se imaginó en la larga marcha de las movilizaciones sociales y ciudadanas.


A este régimen lo he denominado régimen otomano siguiendo la analogía que Garton Ash hizo en sus textos sobre los regímenes en Europa del Este ya en plena decadencia del comunismo.

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