sábado, agosto 29, 2015

OTRA MIRADA AL CAMPO: CAMBIOS CRUCIALES (2)

Hay cuatro conjuntos de cambios e inercias en el medio rural que deberían guiar las transformaciones en las políticas para el desarrollo.
En primer lugar, los cambios socio-demográficos en el campo pueden resumirse en cuatro: el envejecimiento de la población adulta, la migración de los jóvenes rurales, una mayor feminización de las actividades productivas rurales y el papel de ciudades pequeñas y poblados de menos de 500 habitantes como colchones amortiguadores de crisis sociales y políticas.
Los cambios productivos pueden sintetizarse también en cuatro aspectos. El sector agrícola –incluyendo agricultura, ganadería, forestal y pesca- se ha mantenido en lo general estancado en términos de tasas de crecimiento y en productividades. El sector claramente ganador es el de frutas y legumbres, pero también avanza el subsector ganadero ambos en las exportaciones. En granos se mantiene más o menos la misma estructura de cultivos que ha tenido México en por lo menos los últimos cuarenta años: maíz y frijol para el consumo humano, y sorgo para el ganado. Al rezago en los subsectores forestal y pesquero se suma el agotamiento y deterioro de los recursos naturales. Al respecto es de consulta indispensable el enorme esfuerzo colaborativo coordinado por el Dr. José Sarukhan (Capital Natural).
Según la ENIGH de 2014, las fuentes de ingreso rural que más han crecido son los salarios no-agrícolas y las transferencias públicas, específicamente, el ahora ProAgro y el ahora Prospera. Esto indica, en síntesis, que el medio rural ha sufrido transformaciones  ─desde el punto de vista de los ingresos─ a partir de su multi-actividad. Algunas de las transformaciones más relevante se han dado en la distribución del ingreso en las zonas rurales, principalmente, la caída del ingreso agrícola entre 2006 y 2014. Las remuneraciones al trabajo subordinado representan la mayor proporción del ingreso a partir del año 2006, sobrepasando el 60 por ciento y, sin embargo, se mantienen alrededor de ese valor hasta 2014, año en que representa el 55.9%. Por otra parte, las trasferencias han crecido de manera constante, pasando de representar el 12.5 por ciento en el 2006, al 19.8 por ciento en el 2014.  La misma encuesta informa que, para el año 2014 y en relación a los ingresos no-monetarios, el autoconsumo representó el 8.3 por ciento; las transferencias en especie el 37.2 por ciento; las remuneraciones en especie el 6 por ciento y el alquiler de la vivienda el 48.5 por ciento.
Finalmente el cuarto rasgo que desafortunadamente no ha cambiado mucho desde 1992 es la pobreza extrema como un fenómeno esencialmente rural: aunque para 2010 sólo una cuarta parte de la población total vivía en zonas rurales, cerca de las dos terceras partes de la población en pobreza extrema vivía en estas áreas (Banco Mundial, 2010). Las tasas de incidencia son entre 25 y 16 por ciento mayores a las correspondientes para el sector urbano. Dada la estructura de ingresos de los hogares rurales el rezago en los niveles de bienestar de las zonas rurales puede explicarse por la falta de dinamismo en el sector, el estancamiento de los salarios agrícolas y la caída en los precios reales de los productos agropecuarios. Vista en términos de productividad por sector, una persona ocupada en la construcción o en la manufactura  generó una productividad entre 3 y 7 veces mayor a la del sector agrícola.
El mayor reto por atender en términos de bienestar y productividad radica en el sector de la pequeña producción. Con el 22% de la superficie total con actividad agropecuaria y forestal, los agricultores en pequeño emplean casi el 85% del trabajo contratado por la agricultura nacional, así como el 88% del trabajo familiar en el sector. Este será el tema de mi tercer y último artículo.
Por cierto, quiero expresar mi felicitación a Jorge Ramos, periodista valiente.


lunes, agosto 17, 2015

OTRA MIRADA AL CAMPO/1




a visión predominante sobre el campo. La prevaleciente en el país fue por 30 años coherente con las políticas de fomento productivo rural. El campo debe producir alimentos baratos, expulsar mano de obra excedente y generar divisas. Las políticas de protección social tenían un carácter reactivo. En los setenta hubo una política activa, con énfasis en las poblaciones indígenas bajo el término genérico de marginación. A partir de los noventa y hasta la fecha bajo esa misma visión se establece claramente la disociación entre políticas de protección social y de fomento productivo. La primera tendría un propósito de administrar la pobreza rural y la segunda buscaría el desarrollo empresarial de algunas regiones y productos, guiado por las demandas del mercado.
De suerte tal que sin cuestionar directamente la visión del campo que subyacía en distintos momentos del país e incluso en el contexto de rutas de desarrollo diferentes –una orientada por intervenciones estatales en una economía cerrada; otra por las fuerzas de mercado en una economía abierta–, el resultado en todos los casos ha sido la supeditación de unas políticas a otras, la desarticulación en sus objetivos y la fragmentación en la implantación.
Dependencia del sendero. Esa visión del campo genera casi en automático una dependencia del sendero que adquiere dos dimensiones. Por una parte la dependencia del sendero de las instituciones derivada de las décadas de existencia de una Secretaría de Agricultura bajo diferentes denominaciones, pero siempre marcado por un enfoque productivista y la implantación reciente de Sedesol en un momento en que se suponía que los afectados por las reforma estructurales lo serían temporalmente hasta que las propias fuerzas del mercado los reorientaran a otras actividades y empleos.
Enfoque productivista. Bajo este término me refiero a una visión que distingue entre agricultores que tienen potencial productivo y aquellos que no lo tienen. Lo cual para empezar es un contrasentido. La manera de distinguirlos podía ser la pretendida vocación agrícola de la tierra o la dinámica de los mercados. Más que las respuestas es la pregunta la que está equivocada. La pregunta no es quiénes tienen potencial y quiénes no; sino bajo cuáles condiciones –políticas, económicas, sociales, y a partir de qué tipo de intervenciones y de regulaciones– puede aprovecharse un determinado potencial productivo en un determinado territorio con diversos actores.
Lo anterior exige pregonar enfáticamente lo que la visión predominante negaba: que los campesinos pobres sí tienen potencial productivo y sí pueden dejar de ser pobres.
Reglas informales. La otra dimensión de la dependencia del sendero es en términos de la conjunción de reglas formales, normas informales y mecanismos de aplicación efectiva de las leyes. North, el economista institucional, respondió a la crítica sobre el carácter determinista de su concepto incorporando el término de andamios como construcciones humanas a partir de un determinado capital físico y capital humano a partir de un sistema de creencias (2005). Insistirá el autor en la interacción entre el sistema de creencias y el marco institucional.
Culturas burocráticas. En la falta de coherencia entre política social y política productiva en el medio rural juegan un papel clave las culturas burocráticas. Éstas se reproducen en las agencias gubernamentales, se trasmiten a través del personal de oficina y de campo que ejecutan las intervenciones, y se recrean en la interacción entre agentes públicos y agentes privados.
El punto decisivo es la idea detrás de la visión del campo: lo moderno es lo urbano, lo atrasado es lo rural. Sin embargo la dilución de fronteras entre ciudad y campo hace indispensable una re-visión del campo, más a partir de un enfoque territorial que sectorial.

sábado, agosto 01, 2015

ALGO ANDA MAL

Como escribió Tony Judt en su gran texto  (2012, Santillana) de donde tomo el título de este artículo: algo anda mal. En este caso en México.

El reporte que presentó recientemente CONEVAL sobre la situación de la pobreza en México es devastador en dos dimensiones.

Una, los datos crudos indican que 46 por ciento de la población mexicana es decir 55.3 millones de personas está en condiciones de pobreza extrema o moderada. Es necesario entender cómo se mide el umbral. Pobreza extrema en la definición de CONEVAL son las personas que tiene  menos de 1242 pesos mensuales en zonas urbanas y 868 pesos mensuales en zonas rurales. Pobreza moderada son las personas que obtienen menos de 2542 pesos en zonas urbanas y menos  de 1614 pesos en zonas rurales. Esas cotas hablan de lo absolutamente precario que son esos ingresos.

Pero luego otro 33 por ciento de los mexicanos, es decir 40 millones de personas que se encuentran en condiciones de vulnerabilidad por ingreso o por carencia; es decir personas que en virtud de cualquier contingencia social pueden caer debajo de la cota de pobreza. De suerte que solo 24.5 millones de personas o sea el 20 por ciento de la población total no son pobres ni vulnerables.

En términos comparativos la pobreza general aumentó en 2 millones de personas entre 2012 y 2014 y la pobreza extrema se redujo en 87 mil personas.

Mas grave aún como ya lo habían señalado hace un año los secretarios de Hacienda y Crédito Público y de Desarrollo Social, si nuestro punto de referencia es 1992 y usamos la serie disponible de pobreza por ingreso la pobreza de patrimonio se ha mantenido alrededor del 53% de la población. Esto es el resultado de que el nivel de ingreso que tiene la población no ha recuperado el nivel que tenía hace 22 años. Apenas ayer un informe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) señala que el ingreso laboral per cápita de los mexicanos disminuyó 6.3 por ciento entre 2012 y 2014, periodo durante el cual se incrementó la proporción de población ocupada que gana entre uno y tres salarios mínimos pero disminuyeron los porcentajes de ocupados que recibían salarios superiores.

La otra dimensión y para muchos, yo incluido, el punto central es el tema de la desigualdad. Hay muchos estudios que han estudiado la desigualdad en el mundo – algunos recientes como los libros de Piketty y Atchinson -, y en América Latina –los últimos informes de CEPAL, varios informes del Banco Mundial, y el del PNUD en 2010, por mencionar algunos. La conclusión como lo señaló en informe del PNUD es que “la reducción de la desigualdad debe constituir en sí misma un objetivo central de la política pública… Este objetivo debe ser concebido como el complemento de una política integral de protección social y de provisión de servicios de calidad con componentes universales (énfasis mío, 2010: 110).

Para México el excelente estudio de Gerardo Esquivel para Oxfam pone el énfasis en las dimensiones de la desigualdad: menos de uno por ciento de la población acapara alrededor de 43 por ciento de la riqueza total.

Frente esto se requiere desde luego que la economía crezca. Pero dado el complicado entorno internacional esto no se puede lograr sin un énfasis serio en la dinamización del mercado interno a través de un política de ingresos – de manera decisiva un aumento al salario mínimo- y un consistente y ágil programa de infraestructura y obras públicas.

El otro espacio clave está en la reorientación del gasto público de subsidios regresivos a programas articulados de fomento productivo y protección social. La discusión sobre un sistema de protección social universal es indispensable.


Lo anterior no invalida sino exige que se continúen los esfuerzos por mejorar el diseño y la operación de programas como Prospera  o estrategias como la Cruzada contra el Hambre en tanto que  están orientados a los primeros deciles de la población mas pobre.

sábado, julio 18, 2015

EL ESTIERCOL DEL DIABLO

L
a gravedad de la situación es palpable. Y por más que algunas almas piadosas nos llaman a ver el lado positivo de todo el desastre asociado a la fuga del criminal preso en Almoloya, el hecho es que esto es un desastre: para el presidente, para el gobierno y sobre todo para el país.
El régimen que surgió de la transición expresa cabalmente no sólo las debilidades de la transición misma, sino particularmente el andamiaje sobre el cual se construyó el mito –pero también y hay que subrayarlo, la realidad– del Estado fuerte.
El régimen autoritario sustentado en un partido hegemónico y un presidencialismo exacerbado tenía por referencia central a la Constitución política para enmarcar –y encubrir– los pactos informales con los cuales se alimentó el funcionamiento mismo del sistema. Muchos autores han subrayado este rasgo común a diversos tipos de regímenes autoritarios.
Pero la legitimación de ese régimen por treinta años se sustentó en un intercambio: progreso económico a cambio de control de los mecanismos de decisión política. Funcionó hasta que las clases medias urbanas –claras beneficiarias del desarrollo estabilizador– exigieron alguna forma de democracia a partir del movimiento de 1968, y cuando las élites económicas exigieron intervención en las decisiones de política económica a partir de las sucesivas crisis de fin de sexenio.
La transición política expresada en cambios graduales y profundos de las reglas electorales (1977-1997) coincide con un amplio proceso fallido de modernización económica y política. Se hace elegía de los ajustes automáticos del mercado, pero la mano no tan invisible del Estado promueve deliberadamente la concentración económica. Modernización del capitalismo de compadres.
Todas las élites se llenan la boca de sociedad civil, pero existe un rechazo casi instintivo a toda forma independiente de organización. Se condena retóricamente a las corporaciones gremiales, pero se pacta y fortalece a varias de ellas bloqueando la posibilidad de una reforma auténtica en varios ámbitos, como el educativo y el energético.
Mas grave aún, el éxito de los pactos informales como mecanismo de funcionamiento del aparato estatal suponía legitimidad –la llamada legitimidad del buen gobierno que es más bien el pacto entre las élites–, y el monopolio de la iniciativa política. Lo menos que hemos tenido en los últimos sexenios es buen gobierno y hemos padecido en cambio, el monopolio de la ausencia de iniciativa política.
Lo que ha producido las modernizaciones fallidas es un régimen especial sustentado en lo que el papa Francisco señaló como detrás de tanto dolor, tanta muerte y destrucción se huele el tufo de eso que Basilio de Cesarea llamaba «el estiércol del diablo». La ambición desenfrenada de dinero que gobierna.
Éste es un régimen en decadencia gradual y administrada que se desmadeja desde el centro. Desarticula al Estado mismo desde la colonización que los poderes fácticos hacen de sus distintas franjas.
Terminaba mi reciente artículo preguntándome y preguntándoles: cómo pasar de la fragmentación al verdadero pluralismo.
Ninguna reforma será verdadera y útil mientras las elites políticas y económicas no entienden que no estamos en los años setentas. Hay un profundo desconocimiento de las transformaciones que han ocurrido en el país.
El desastre de la fuga del criminal de Almoloya se suma a una serie de episodios dramáticos, cuyo punto de quiebre ha sido la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa. Graves en sí mismos lo son más por lo que revelan respecto al estado actual de las élites en México.
Nuevamente una profunda reflexión del papa Francisco en su singular discurso en Bolivia es relevante para este momento: yo llamo poliedro, una forma de convivencia donde las partes conservan su identidad construyendo juntas la pluralidad que no atenta, sino que fortalece la unidad.

sábado, julio 04, 2015

ESPACIOS PÚBLICOS CONTRA LA FRAGMENTACIÓN

Desde 1962, en pleno auge del Estado del Bienestar, Habermas plantea una cuestión que hoy en día, en plena crisis, vuelve a resultar fundamental: ¿en una era post-liberal, donde el clásico modelo del espacio público ha dejado de ser viable en términos sociopolíticos, puede ser efectivamente reconstituido bajo condiciones políticas, culturales y socioeconómicas radicalmente diferentes?
Pierre Rosanvallon en su libro La contrademocracia (2006), haciéndose cargo del déficit de confianza de los ciudadanos hacia sus sistemas democráticos, da cuenta del surgimiento de contrapoderes sociales informales e instituciones “destinados a compensar la erosión de la confianza mediante una organización de la desconfianza”.
Uno de los ámbitos de los contrapoderes, según Rosanvallon, es lo que denomina la democracia de control. La vigilancia sobre quienes ejercen los poderes, se convierte en una modalidad de acción que adquiere la forma contemporánea de los whistle-blowers. También se desarrolla un vigilancia regulatoria que busca establecer  mecanismos de desempeño por medio de evaluaciones y esquemas de calificaciones. Así el ciudadano-vigilante excede las funciones del ciudadano-elector. (Rosanvallon, p.55). Rosanvallon se refiere a tres formas de legitimidad: la legitimidad procedimental cuya institución de implementación es el sufragio universal; la legitimidad por imparcialidad a través de las instancias de justicia o de autoridades independientes como los órganos reguladores ; y la legitimidad sustancial-moral que corresponde a la afirmación de valores reconocidos por todos.
El conflicto de estas distintas formas de legitimidad genera la tensión que se encuentra en el origen de lo que llama Rosanvallon “la visión cesarista de la política”: el espacio público nunca es entendido como interacción entre grupos e individuos, “sólo se le percibe bajo las especies estereotipadas de la institución legal”. (p. 116)
Este monismo democrático es esencialmente iliberal porque es anti-pluralista: la pretensión de deslegitimar todas las expresiones de la sociedad que no han sido consagradas por las urnas. “De ahí procede la vieja desconfianza hacia el hecho asociativo junto con la negativa de reconocer una forma de legitimidad política a los que intervienen desde una sociedad civil siempre reducida a las particularidades que ella traduce. Lo que se acepta como libertad se niega al mismo tiempo como institución”. (p. 117)
Cabe insistir que por espacios públicos no se entienden estructuras paralelas de poder, sino más bien se trata de instancias de colaboración y complementación, en especial respecto de los poderes constitucionalmente establecidos. Es posible hablar de una democracia participativa en apoyo a la democracia representativa siempre y cuando no sea esto un atajo o una cobertura para encubrir en el fondo una crítica velada a la democracia llamada “formal”. La democracia –y no está de más repetirlo-  requiere de mecanismos representativos y participativos de la ciudadanía. Pero como alguna vez afirmó Carlos Pereyra “la democracia siempre es representativa” (1988)
Las reflexiones anteriores sirven para encuadrar el momento actual que vivimos en México. Se trata de reconocer que tanto la modernización económica impulsada por la crisis de pagos en los ochentas como la dilatada modernización política iniciada en 1977 han convergido en un régimen especial que al tiempo que expresa el desmadejamiento del poder estatal, genera la colonización por poderes fácticos de franjas de poder político y/ económico, y produce fragmentación social mas que pluralismo.

Me parece que aquí se encuentra el reto central de gobernabilidad que hoy enfrentamos desde el gobierno, desde la sociedad y desde los poderes constituidos: cómo transitar de la fragmentación a un efectivo pluralismo capaz de reconstruir el espacio público y el poder del Estado?

sábado, junio 20, 2015

EL DIA DESPUÉS: ¿QUÉ SIGUE?

En mi artículo anterior llamando a votar, desee que el resultado electoral para el Congreso federal y los resultados en varias gubernaturas expresaran el desencanto con los tres partidos principales y la enorme desconfianza a darle a ningún partido, coalición un mandato contundente que pudiera conducir a una lectura errónea sobre el grado de deterioro social en el país.

Resultados. Me parece que esto ocurrió. Los tres partidos principales perdieron votos y territorios. El PRI no recuperaba la mayoría parlamentaria desde 1991 pero en ese año la recuperó solo: ahora con el 29% del voto requiere de Verde, del PANAL y probablemente de Encuentro social. El PAN tuvo uno de los peores resultados en elecciones intermedias. El PRD perdió el DF. MORENA ganó el DF pero perdió el sur-sureste su fuente fundamental de votos y es marginal en el centro-norte. El Verde perdió votos y prestigio si acaso le quedaba algo.

Novedades electorales. Gana Movimiento Ciudadano gracias a sus candidatos cuasi-independientes. Y las candidaturas independientes. Su peso real es diferente y también su peso simbólico. Pero el Bronco en Nuevo León, Clouthier en Sinaloa, Martínez en Morelia y Kumamoto en la zona metropolitana de Guadalajara; superaron los obstáculos enormes puestos al proceso de candidaturas independientes. El voto nulo no creció pero en parte es una expresión de protesta. Mas importante aún para un grupo relevante de ciudadanos –mas que en las elecciones intermedias anteriores, pero que no llega al 50% del padrón total- el espacio electoral sigue siendo central para decidir quienes gobiernan y en qué ámbitos.

El momento actual. Lo define la desarticulación que se expresa en debilidad de las instancias típicas de procesamiento de conflictos –sindicatos, asociaciones gremiales, asociaciones cívicas, y sobre todo partidos-, pero también en capacidad de implementación de políticas. Se confunde frecuentemente pluralismo con fragmentación. Tenemos mucho de lo segundo y poco de lo primero.
Los canales de mediación y resolución de conflictos están azolvados. La capacidad de los gobiernos frente a conflictos sociales se mueve entre la amenaza del garrote, las represiones selectivas, los intentos de cooptación y la capitulación frente a poderes fácticos.

La disyuntiva. Si nos quedamos en el terreno de las reglas electorales entonces la discusión es cómo resolver la fragmentación partidista. Algunos plantean la segunda vuelta.
Otros creemos que debe reconfigurarse el sistema de partidos regresando a muchas de las reglas pre-1996. Dos particularmente: registros condicionados al resultado electoral y asociaciones políticas nacionales. Que sean los ciudadanos lo que resuelvan las características del sistema de partido no supone la fragmentación. Eso ya lo tenemos. Con el registro condicionado se podría graduar, por ejemplo 1% del voto total para reconocerse como partidos, 2% para acceder a las prerrogativas públicas, 3% para acceder al poder legislativo. Las asociaciones políticas nacionales, estatales o municipales podrían ser comunidades de ciudadanos con posibilidad de participar en elecciones en alianza con partidos y además, centros de iniciativas y formación ciudadanas. El tema del financiamiento requiere revisarse: menos financiamiento público pero solamente financiamiento público me parece la fórmula adecuada.
Las reglas de candidaturas independientes deben simplificarse y fomentarse. Si se abre la opción de nuevos partidos sujetos a los resultados electorales que obtengan, quizás están sean más proclives a presentarse en los ámbitos locales y estatales.
Empero el tema central es cómo transitar de la fragmentación al pluralismo. Esto requiere impulso de muchas formas orgánicas de intermediación y de una fundamental reforma del Estado.

La pregunta entonces es: ¿existe una coalición social y política para impulsar estas transformaciones?

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